AZKENA ROCK 2013, mucho más que aguantar el tirón (crónica del festival, 28 y 29 junio)

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El comentario más repetido antes de que empezara el festival fue “qué flojito el cartel”, pero una vez terminado, pocos pensarán que este no ha sido otro gran Azkena. A pesar del tijeretazo en la subvención y de lo pelados que andan los bolsillos, el ARF consiguió aguantar el tirón de sobra. La decimosegunda edición del festival se ha cerrado con una asistencia global de 25.406 asistentes tras recibir a 13.684 personas el viernes y 11.722 en la segunda y última jornada, y la sensación es de algo más que razonable éxito. Los Black Crowes estuvieron tan gigantescos que con eso ya nos quedamos a gusto, pero hubo mucho más…
La tropa de HRB llegamos el viernes in extremis para ver a los hermanos Robinson y compañía (es lo que tiene venir desde Madrid con trabajo hasta mediodía y operación salida incluida). Aparcar la caravana, pelotazo rápido y p’adentro. Y qué manera de empezar un ARF, amigos. Con su imbatible rock sureño sonando el recinto de Mendizabala, atravesamos la entrada con la pulsera recién puesta y corriendo para no perdernos ni un minuto más del show. Puedes haberlos visto infinidad de veces, que siempre te penetrarán por cada poro del cuerpo tocando a unos metros de ti. Chris Robinson estuvo sublime, lleno de soul y con muchas ganas de darnos lo mejor, y el resto de la banda funcionó como un reloj, regalándonos una antológica mash-up de “Hard to Handle” y “Hush” de Deep Purple además de una retahíla de greatest hits para quitar el hipo, con la única pega de que no pudimos evitar acordarnos mucho de Marc Ford.

Nuestros amiguetes vitorianos (gracias como siempre, Amaia) nos contaron que antes de los Black Crowes, estuvieron estupendos los conciertos de The Socks (éste fastidió bastante perdérselo), con un “tremendo frontman”, de The Sword, que desplegaron un “sonido brutal”, de M Clan, que obviaron el repertorio “menos azkenero”, y de Sex Museum, que jugaron con un set “muy noventero”. Menos suerte corrieron Quaoar, que abrieron el festi cuando la gente aún estaba llegando, y Alberta Cross, que al ser la banda anterior a los Black Crowes sufrieron cierta desbandada para avituallamientos y tomas de posiciones.

A medianoche salían Smashing Pumpkins para ocupar el lugar de los cuervos en el escenario Kevin Ayers. Durante casi todo el concierto msotraron una actitud algo indolente, pero cuajaron un buen sonido y consiguieron que la cosa quedase pintona con una gran versión de “Space Oddity” de Bowie y bastantes hits de su tríada dorada: “Siamese Dream”, “Mellon Collie and the Infinite Sadness” y “Adore”.

El espíritu de Arthur Lee tomó posesión del cuerpo de uno de nosotros durante una sesión de cánticos y guitarritas en honor de Love, en una de las visitas reponedoras a nuestra caravana. Cosa que nos hizo perdernos a Horisont, pero oigan, celebraciones de amistad como la de esa noche pocas, así que no íbamos a echar a perder un ritual de fraternidad semejante… Luego sí nos pasamos por la sesión de pinchadiscos de cierre, que no fue precisamente memorable, siendo benévolos. Tras el correspondiente fin de fiesta privado y algo de cerrar los ojos, llegaba la segunda jornada. Que comenzamos con una barbacoa tan cazallera como exquisita, que se fue alargando mientras saltaba la banda sonora de los primeros grupos de la tarde, Heaven’s Basement, Troubled Horse, Los Zigarros, y unos JJ & Mofro que fueron capaces de dejarnos alucinados a distancia con ese blues-funk-soul de vientos arrolladores. Los Enemigos parecieron dar el callo con creces, y de Uncle Acid & the Deadbeats pudimos apreciar cierta flojera con las voces, pero su rollo pesado a la Black Sabbath nos pateó el trasero para apagar las brasas de una vez y enfilar al meollo.

Cuando llegó el turno de Gov’t Mule estábamos clavados como una estaca frente al escenario. Warren Haynes son palabras mayores. Y, si bien la banda no estuvo tan arriba como en su anterior visita (¿dónde te dejaste el slide, Warren?), la finura de su baterista Matt Abs hizo que nos derritiéramos de gusto. Después, la irresistible hospitalidad vitoriana nos sacó de nuevo del recinto para degustar todo tipo de viandas locales, y así fue como nos perdimos a Gaslight Anthem, al menos visualmente. La cosa sonó, eso sí, a que no defraudaron ni un ápice a sus fans. Ya de vuelta en el perímetro ARF, tomamos posición para ver a Rocket from the Crypt con buenas expectativas. Quizá estuvieron algo monocordes, pero su frontman ejerció de personajazo (provocando e incluso “insultando” al público hasta que se decidió a hacerle caso) y su frenesí nos conquistó sin remedio. El colofón fue una sesión de pinchadiscos bastante mejor que la del día anterior, con la que concluimos nuestro periplo orgullosos de tener otro Azkena más a nuestras espaldas.

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