KUTXI ROMERO “No soy de nadie”

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Kutxi Romero-No Soy De NadieTras su anterior proyecto con Ja Ta Ja, el cantante de Marea viene a ofrecernos su corazón, servido en bandeja de plata, en diez cortes acústicos de alta intensidad emocional. Rodeado por los bandoleros Juanito Lorente (Bocanada) y José María Marco (Pasternak), nos sirve sin colorantes ni conservantes su yo más intimo en un proyecto literario-musical de puro duende y arrebato.

Como si Federico García Lorca hubiera resucitado en la voz del bardo de Berriozar, poesía arrebatadora en 38 minutos de radiante lirismo, de explosiva sinceridad, donde nuestro protagonista se desnuda hasta el tuétano y nos descubre su particular universo para explorar. Un corral muy familiar nos describe, bajo la magistral batuta de Kolibrí Díaz en los controles, repleto de colaboraciones de postín en las seis cuerdas (Luter, Iñaki ‘Uhoho Antón, Mai Medina, Txus Maraví, Juanjo Ojeta…). Con títulos explícitos: “Mierda en las tripas”, “Nicotina y alquitrán”, “Malnacido”, “Corazón equino”… Kutxi Romero canta a la vida y a sus desvaríos, miseria de existencia y alegría de penar, sin dios ni dueño. Dejándose la piel a jirones por garitos de mala muerte, en la hoguera de las vanidades se van consumiendo los últimos egos de fantoches sin alma, mientras nuestro héroe va acumulando agujeros en la suela de los zapatos, al más puro estilo Johnny Cash, despojado de toda fanfarria, en una catarsis de pura humildad. “Un acordeón al que le falta el aire, un corte de mangas…”.

“Como quien pide tabaco”, el bardo y el poeta, juntos de la mano tiran pa’lante en medio de la niebla, en este paisaje de la desolación en el que estamos instalados. La salida del laberinto se antoja complicada en estas horas bajas, con la resaca de la derrota a cuestas, mientras se desvanecen como lágrimas en la lluvia nuestros derechos sociales y el futuro se llena de nubes negras. El surrealismo Lorquiano se instala definitivamente en los surcos de un plástico que aúlla a la luna y al desconsuelo, a la derrota luminosa en brazos de la memoria oxidada: “Ya no me cabe el traje de arlequín, solo seré el nieto del guarda-agujas…”. Asoma entonces Miguel Hernández, picado de tuberculosis, en el penal de la noche negra, “No me beses en la boca”, que el aliento huele a gas, “En este patio de muertos me toca vivir…”.

Como si El Cabrero hubiera aterrizado en el parnaso de la canción de autor más desgarrada, como si George Orwell hubiera rescrito su genial fábula “Rebelión en la granja”, un retablo de criaturas cuadrúpedas muge como ruido de fondo, ensordecedor Jardín de las Delicias: asnos y marranos en amable convivencia con políticos ladrones, en medio de un paisaje contaminado de curvas sinuosas como serpientes a punto de picar. Estiletes que se clavan en la piel y ecos pink-floydianos en el saxo de Luis Mari Moreno… A buen entendedor, huelgan las palabras.

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