El huracán de riffs de Y&T – Crónica de su concierto en Caracol (2 nov.)

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Y&T ofrecieron otro recital diamantino, de esos que se recuerdan toda la vida. Con la sala abarrotada y el “Sold out” colgando en la puerta, todas las entradas se vendieron con antelación para un show que estaba en principio programado en la Sala Arena (el lugar donde han descargado últimamente). Con menor aforo, el lleno de la Caracol estaba asegurado de antemano, lo que no fue impedimento para que numerosas personas (entre ellas varios colegas) se quedaran en la calle sin poder acceder al recinto.

Con más fatalidad si cabe después de lo acontecido unos días antes en el Madrid Arena. No era cuestión de forzar las cosas, cuando los asuntos de seguridad están tan candentes. Menos mal que Robert Mills, promotor legendario y generoso donde los haya, se apiadó de este humilde redactor y finalmente pudo acceder, inscrito en la lista de invitados del grupo californiano.

Tras las últimas y estelares  apariciones de Y&T por estos pagos, protagonizaron una nueva descarga que dejó boquiabierto al respetable. Meniketti (guitarra solista y voz), John Nyman (guitarra rítmica), Mike Vanderhule (batería), y Brad Lang al bajo, como sustituto del fallecido Philip Kennemore, son una máquina de rock’n’roll perfectamente engrasada, doscientos caballos de un bólido rugiendo a tope, con afiladas garras y pasión por devorar el asfalto, como ya dibujaba en la previa del bolo. Protagonizaron un recital excelso, especialmente en el ecuador del evento, con piezas bestiales como “Winds of change” o “I’ll cry” ejecutadas con un pulso realmente increíble, completamente niqueladas, con unos punteos y unas frases dignas del olimpo. Dave Meniketti hizo llorar nuevamente a su Gibson Les Paul en cortes como “I believe in you” o “Rescue me”, un guitarrista y cantante nunca suficientemente valorado, que bebe de aguas limpias y funde la mejor tradición de monstruos -ya desaparecidos- como Gary Moore o Mick Ronson, o leyendas aun vivas, como el rubio teutón Michael Schenker, por citar a tres prodigios de la naturaleza acostumbrados a hacer gemir el instrumento.

 

Pese al mal sonido de inicio (demasiado overdrive en las guitarras), piezas como “Black Tiger”, “Hard Times”, “Dirty girl” o “Rock’n’roll save the World” sirvieron para calentar el ambiente. Y&T son un pleno al quince, un combo que nunca falla en directo y una de las mejores propuestas en vivo que se pueden disfrutar en la actualidad, por no decir la mejor. Secundados en su empeño por el nuevo y afinado bajista Brad Lang, más un impresionante John Nyman como segundo guitarra y un virtuoso Mike Vanderhule a la batería (tremendo solo en el ecuador), desgranaron veintidós diamantes para la eternidad. Otro detalle que nunca pasa desapercibido: a los miembros de Y&T les gusta disfrutar sobre las tablas, y van cambiando el repertorio de un lugar a otro, alternando los temas de su último disco, “Facemelter”, con los clásicos imperecederos de AYER & HOY: “”Shine on”, “Blind patriot”, “I’m coming home”… intercaladas de perlas del calibre de “Meanstreak” o “Midnight in Tokio”… hasta llegar al éxtasis en “I’ll cry for you”, con punteos de fuego y la Fender azulada de Mr.Meniketti llorando una catarata de notas insuperables.

Nuestro héroe alternó con su conocida Les Paul Custom naranja, curtida por los años, antes de invitar al respetable a solicitar canciones que no incluyera el set-list, para su interpretación posterior. Así pudimos disfrutar de unas inesperadas y magníficas “Contagious” y “Don’t wanna lose you”. Vuelta al jungla de las seis cuerdas, con las salvajes “Gimme the beat” (perteneciente al disco “Endangerous Species”) y “Squeeze”, entonada por John Nyman en sentido homenaje al desaparecido bajista Philip Kennemore. Cierre a lo grande con “I believe in you”, más el himno por antonomasia, “Forever”, con el público desatado, en pleno éxtasis colectivo. En los bises, la electrizante “Rescue me” puso la guinda de oro a su gira europea. Sobran las palabras. Matrícula de honor, cum laude, una vez más, para la banda de San Francisco.

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