Entrevista con BENJAMIN BIOLAY: “Busco puentes entre Jay Z y Chet Baker”

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En la calle suenan gritos de protesta contra los recortes, mientras Benjamin Biolay se pone sus gafas de sol y toma asiento en una azotea de la Gran Vía madrileña. “Veo que vuestros gobernantes dicen en Europa que no acabaréis como Grecia”, comenta desenfadado al respecto. “En Francia, durante las elecciones nos preguntaban si queremos acabar como España. Me pregunto cuánto tiempo tardará Merkel en preguntar a los alemanes si quieren acabar como los franceses, y así hasta quién sabe dónde”. Bohemio, de voz grave, inteligente, amante indómito, artista romántico, bien parecido. Y encima, con fino sentido del humor. Seductor aunque no se lo proponga. O sea, seductor de seductores. Toda una maldición.

Desde que se divorció de Chiara Mastroianni en 2005, Benjamin Biolay (Rhône, 1973) no ha podido evitar que se le adjudiquen novias antes siquiera de haberlas buscado. Trabajó con Carla Bruni en el último disco de la ahora ex primera dama de Francia, y la prensa dio por hecho que hubo derecho a roce. Ahora ha contado con la colaboración de Vanessa Paradis en el recién publicado “Vengeance” (crítica AQUÍ), y ha asistido atónito a un bucle de rumorologías que hablan de explosión de chispas con la ex de Johnny Depp. Es como si su personaje mediático fuera inconcebible sin amoríos adjuntos, sin romances idílicos, cinematográficos, envidia de los comunes mortales. El cantautor, sin embargo, parece curado de espanto cuando entra al trapo durante una amigable charla promocional. “Qué gran falacia, lo de los romances idílicos. Me encantaría que fueran reales, que todo eso fuera verdad, sería de fantasía, muy bonito. Pero eso es imposible, toda relación se llena de complicaciones en muy poco tiempo, en cosa de meses (risas). Esas parejas que pretenden demostrar que siempre son felices al cien por cien, que su relación es completamente sana y está perfectamente equilibrada psicológicamente… son unos mentirosos. Se están engañando a sí mismos, además. Igual que el que cree en la inmortalidad. El amor es algo que vas a perder, antes o después”.

Esta última aseveración se antoja piedra angular del concepto o “estado emocional” en torno al que gira su flamante nuevo álbum (editado el pasado martes por el sello Näive). Aprehenderla es requisito fundamental para que el estado emocional inmediato a la ruptura sea saludable: frente alta, sin rencores, vista al futuro. “¿Por qué sentir rencor, despecho, deseos de venganza cuando una relación sale mal, si tenemos en cuenta que ésta, antes o después se iba a torcer por nuestra propia naturaleza y por la forma en que vivimos?”, se pregunta Biolay. Así, “la venganza es el recurso de los débiles, de los cobardes, de los que tienen miedo a reconocer su propia culpa, y sobre todo miedo a seguir adelante”.

“La Negra es mi artista actual favorita de vuestro país. Creo que será muy popular, tiene algo de Amy Winehouse y de Billie Holiday que es muy auténtico”

Así ha titulado su disco, “Vengeance”. Y es que como heredero más o menos flagrante de la chanson que es, Biolay tiene un arte especial para adentrarse en estos peligrosos terrenos y sacar un jugo poético de gran particularidad, con una mezcla de calor y frío que, como si obedeciese a las leyes de la física atmosférica, o incluso a las de la ciencia del amor si es que la hubiese, termina creando verdaderos huracanes de arrebato musical como los que contiene esta compilación de ritmos pop-rock, folk, electrónicos y hasta hip hop. “Al contrario de lo que pueda parecer –dice el autor-, me interesa mucho escuchar a artistas tan diferentes como Jay Z y Chet Baker y comparar mi música con la suya, incluso intentar encontrar puentes. Me encanta investigar en el eclecticismo”. De este modo, en su nuevo trabajo colaboran artistas de muy distintas escenas, como –además de la mencionada Paradis, con la que hace un espectacular dueto en “Profite”, uno de los temas más optimistas del elepé- Carl Barât, Gesa Hansen, Orelsan, Oxmo Puccino o Julia Stone. Con alguno de ellos Biolay se lanza con el inglés, un idioma que en algún momento prometió utilizar más, pero que sigue relegado a un segundo plano. “Tengo rachas en las que me preocupo por lo que puedan o no entender mis oyentes, porque yo mismo me he dado cuenta muchas veces, de que al escuchar a un cantante español, por ejemplo, estaba malinterpretando las letras por no comprender bien el castellano. Pero como fan, escucho música en muchos idiomas y la mayoría de las veces, me doy cuenta de que en el fondo, el tópico de que la música es un lenguaje universal es completamente cierto. Eso ocurre, ciertamente, funciona, si la interpretación es sincera y encierra un significado. Hace poco, un fan bastante joven me dijo que gracias a mí había llegado hasta Edith Piaf, y que le pasaba lo mismo que conmigo, que tampoco la entendía, pero que al escucharla sabía que sus mensajes hablaban de algo muy importante, de una historia con un significado trascendental. Su entonación, sus énfasis, le subyugaban sin entender una sola palabra. Que alguien se refiriera a mí en esos términos comparativos, incluso identificándome como un puente entre ella y el pop actual, como antes decía, fue especialmente halagador”.

Hablando de artistas españoles, Biolay confiesa que se ha enamorado perdidamente de La Negra, una cantante que debutó en 2006 y que ahora empieza a sonar a revelación –y a la que posiblemente conoció a través del ingeniero de sonido iraní afincado en París Renaud Letang, que ha mezclado su segundo disco-. “Definitivamente es mi artista actual favorita de vuestro país. Creo que será muy popular, o al menos debería, porque tiene algo de Amy Winehouse y de Billie Holiday que es estremecedor, muy auténtico. También me gusta mucho Soleá Morente y su trabajo con Los Planetas en el disco de homenaje a Enrique. Me gustaría colaborar con todos ellos algún día”, asegura.

Planes a largo plazo no le faltan a Benjamin. Pero en lo inmediato, tiene por delante un concierto exclusivo en París este mes, el trabajo de mezcla del nuevo disco de Vanessa Paradis -que él mismo ha producido, dando, ay, chicha a los tabloides, que por cierto ahora también la relacionan con el millonario David Gharbi-; después una temporada de ensayos, gira de presentación de “Vengeance”, y a rodar. “Este año he hecho cuatro películas, y para el que viene ya tengo otro rodaje”, explica este polifacético artista, que sin embargo conoce bien sus límites. “Uno de mis sueños es convertirme en director de cine, hacer mis propias películas. Pero lo he intentado y creo que no es lo mío. Cada vez que me siento a intentar escribir un guión cinematográfico, me aburro, me aburro, me aburro… Todo lo que me sale es muy francés”.

PUBLICADO POR NACHO SERRANO EN EL CULTURAL DE ABC

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