KYUSS LIVES!: el regreso de los reyes del stoner rock

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Con motivo de su paso en forma de Kyuss Lives! por el festival Azkena el próximo verano (nota de esta revisión: ahora también al Sonisphere 2012) repasamos la vida y milagros de Kyuss, una de las grandes bandas de los 90, un combo de músicos excepcionales y, a su modo, vanguardistas, que sin bien fue uno de los más respetados dentro de los circuitos del rock duro internacional, no es de esos que permanecen en la memoria colectiva del gran público.

Y mucho menos hubieran permanecido si no fuera por la popularidad que ha alcanzado su guitarrista Josh Homme al frente de Queens of the Stone Age, la banda que formó tras la separación de Kyuss. Ya saben: “el ex Kyuss esto, el ex Kyuss lo otro…”.

Hasta que se ha producido este semi-regreso (Homme no participa), se ha venido especulando con el renacer de Kyuss durante años, un debate que alcanzó su punto álgido el año pasado, cuando su cantante John Garcia emprendió la gira “Garcia plays Kyuss”, y especialmente en diciembre, cuando fue invitado por Homme a un concierto de QOTSA en Los Ángeles para interpretar juntos tres clásicos de su antiguo grupo: “One Inch Man”, “Hurricane” y el superlativo “Supa Scoopa and Mighty Scoop”. A pesar de que la actuación salió a pedir de boca, el propio Homme siguió negando la mayor, y Garcia decidió dejar de esperarle y llamó a Nick Oliveri y Brant Bjork, miembros originales (aunque Oliveri llegó algo más tarde), para gritar bien fuerte Kyuss Lives!

Josh Homme (guitarra), John García (voz), Chris Cockrell (bajo) y Brant Bjork (batería) se juntaron en Palm Springs (California) en 1988, bajo el nombre de Katzenjammer (resaca, en alemán… quizá les gustó lo de jammer pues el origen de todo está, cómo no, en una jam bien regada de priva). Pero pronto se rebautizarían como Sons of Kyuss (enseguida lo acortaron), un nombre que rinde tributo a un personaje del juego de juegos de rol, “Dragones y Mazmorras”, para debutar discográficamente en 1990 con “Wrecht” (Dali Records), un disco fiero y potente editado sólo en vinilo que marcó su posterior senda stoner, aunque denotando muchas influencias aún sin metabolizar. En este primer trabajo, el locuelo de Nick Oliveri ya había entrado como sustituto de Cockrell al bajo.

La producción de Chris Goss, miembro de los esenciales Masters of Reality, catalizó el crecimiento del grupo con “Blues for the Red Sun” (inspirado en el título de un capítulo de la serie de Carl Sagan “Cosmos”), segundo trabajo del cuarteto, que para entonces ya gozaba de una gran reputación en su área de influencia gracias a las “Generator Parties”, una suerte de raves rockeras que congregaban a cientos de melenudos en las arenas del desierto de California, y en las que sacaban vatios de sonido a través de generadores de electricidad con motor de gasolina. Josh Homme se labró allí una gran admiración del mundillo underground por su estilo psicodélico y pesado, al igual que Garcia, que se mostró como un cantante lleno de aptitudes… y amante de la hierba. En realidad, todos ellos se jactaban de consumir dosis letales de marihuana, muchas veces para componer bajo el influjo de las estrellas en medio de la nada.

Kyuss en su conjunto ya estaba tomando el cariz de banda única, con elementos de aquí y allá, del heavy ala Sabbath, del thrash de la Bay Area, del rock sureño, que definieron un sonido y un tempo particular cuya influencia ha estado presente en cientos de bandas posteriores, y que creció en popularidad hasta el punto de que les valió una plaza como teloneros en la gira australiana de Metallica en el 93.

El año siguiente firman con Elektra Records (que absorbió Dali), y después de echar a Oliveri por problemas personales y sustituirlo por Scott Reeder, publican su primer trabajo conceptual y a la postre su gran obra maestra, “Welcome to Sky Valley”, un disco dividido en tres partes, que comienza con uno de los riffs más enormes de la historia del rock. Inmersos en procesos compositivos cada vez más complejos, Kyuss rubricaron aquí una lista de temas muy superiores y totalmente idiosincrásicos, sin duda uno de los mejores álbumes de 1994.

En este vídeo grabado en el alemán Bizarre Festival del 95, vemos a unos Kyuss en la cumbre, con un Homme pletórico y un Garcia que en un principio parece estar borracho -al empezar a cantar no puede dejar escapar un gallo espantoso-, pero que de repente activa su garganta de un modo impresionante.

Brant Bjork, cansado de giras interminables, abandonó el barco justo cuando había alcanzado velocidad de crucero, pero también cuando los problemas en el seno de la banda empezaban a hacerse patentes. En ese momento Alfredo Hernández (compañero de Reeder en Across the River) cogió las baquetas para grabar “…And the Circus Leaves Town”, profético título del último disco de Kyuss, un trabajo manifiestamente menos inspirado que su predecesor, aun contando con grandes temas como “Thee Ol’ Boozeroonzy”, “Jumbo Blimp” o “Catamaran”. Tres meses después de su lanzamiento, que vino acompañado de tibias críticas, el grupo se desintegró sin remedio.

Salvando la efímera reunión de 1997 para grabar un EP con tres canciones de Kyuss y tres de Queens of the Stone Age, a partir de ese momento cada uno emprendería su propio camino: John García en grupos como Slo-Burn, Hermano y Unida (con Scott Reeder); Brant Bjork en Fu Manchu; Nick Oliveri en Mondo Generator (título de la única canción de Kyuss acreditada exclusivamente a él); Alfredo Hernández en Yawning Man; y Josh Homme en Queens of the Stone Age, Eagles of Death Metal y Them Crooked Vultures, además de ocasionales colaboraciones con Mark Lanegan. Por otra parte, Homme inauguró las Desert Sessions, una serie de grabaciones de sesiones de improvisación en las que han participado diferentes miembros de Kyuss a lo largo del tiempo.

En 2000 se publica el recopilatorio “Muchas Gracias” con singles y rarezas, y pasan diez años hasta que Nick Oliveri y Brant Bjork (con el guitarrista Bruno Fevery) deciden unirse al proyecto “Garcia plays Kyuss”, puesto en marcha por el cantante meses antes. Homme pasa del asunto completamente, es imposible convencerle de que se una al arrebato nostálgico. Y es que, “sin él no podemos llamarnos Kyuss”, reconoció Garcia recientemente. Muy honrado por su parte. Pero en el fondo, todos sabemos que el espíritu de Kyuss aún está entre nosotros, esperando que se haga un último acto de justicia antes de marcharse para siempre.

Su visita al Azkena Rock Festival (nota de la revisión: ahora al Sonisphere) será todo un acontecimiento. Añorado y criticado a partes iguales, pero acontecimiento. Una gran fiesta que calentará los ánimos a los viejos fans antes de que llegue el próximo disco de Kyuss Lives! ¿O debería decir el primero?

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