Entrevista con QUEENS OF THE STONE AGE

por

Ático del lujoso hotel London Editions, junto al límite este de la City. En la mesa, dos revistas con portada dedicada a “Post-Pop Depression” y un paquete de Camel (no podía ser otro).

publicada por Nacho Serrano en Mondosonoro

En la terraza, vestido de cuero negro de pies a cabeza, el gigantón Homme apura un piti apoyado en una barandilla que ofrece vistas espectaculares de la ciudad. No seré yo quien rompa su momento de relax. A juzgar por el trajín de periodistas que hay abajo en el hall, debe estar teniendo un día intenso. El líder de QOTSA gira la cabeza y mira de reojo, da una última y profundísima calada mientras estira sus ciento noventa y tres centímetros, se da la vuelta y exhala una enorme nube de humo que lo envuelve mientras entra en la habitación. Buen truco. Termina su puesta en escena de ilusionista con mirada y saludo solemne, pero al sentarnos en los sofás suena ese ruidito que hace el cuero al arrugarse. Sonríe. “Yo no he sido, ¡jajaja! ¿Comenzamos?”.

Si tengo que empezar por alguna parte, es por la evolutiva. Otra vez has llevado a tu banda a nuevos territorios.

Creo que como artista, lo mínimo que puedo y que debo hacer es tomar el riesgo y dejar atrás lo que está atrás. Queens hemos logrado perfilar un sonido propio, que es una de las cosas más difíciles y a la vez importantes en un grupo de rock que pretenda trascender. Pero si no tienes cuidado, ese sonido propio te acaba devorando, o te convierte en una caricatura de ti mismo, porque el sonido también va asociado a una estética. La idea de evolución tiene que imponerse a los diferentes ejemplos de evolución que hayas ofrecido hasta el momento. Ese es el lema, la idea por encima del ejemplo de la idea, no sé si me explico.

Creo que lo entiendo, sí.  

También podría resumirse en que la idea debe estar por encima del artista, debe obligarle a cambiar de ropa aunque se encuentre cómodo con lo que lleva puesto. En un disco número siete creo que hay que tener esto muy claro, y cuando lo tienes, sientes como si estuvieras desnudo y pudieras ponerte cualquier cosa. Esa sensación de libertad es la que me gusta. Es como coger todo tu armario ropero y tirarlo al fuego, una catarsis que te obliga a avanzar. 

¿También tuviste esa sensación catártica al componer? Supongo que esa sería la señal de que ibas por donde dictaba el lema.

Siempre, siempre la tuve. De hecho creo que la he tenido en cada disco que he hecho con Queens. No me gusta mucho la nostalgia, hay tanto por hacer que la considero una pérdida de tiempo. La nostalgia absorbe el poco tiempo que nos queda, así que ¡quédate aquí y ahora, tío! Además, como músicos, estamos aquí para sorprender, para hacer lo que nadie esperaría que hiciéramos.

¿Estableciste alguna filosofía de trabajo con Mark Ronson, o todo fue sobre la marcha?

¿Sabes? Todo empezó porque mi hijo de cinco años estuvo meses y meses sin parar de escuchar “Uptown Funk” de Bruno Mars, lo hacía todo el tiempo. Así que terminé fijándome en muchas cosas de la canción, que es muy buena en realidad, y vi varios puntos de conexión con Queens of the Stone Age, como ese sonido de batería apretado, nació, seco y duro. Después, cuando conocí a Mark, me invitó a escuchar varios temas de Lady Gaga en los que estaba trabajando. Después de verle trabajar durante veinte minutos, percibí su honestidad como productor. Explica las cosas de una manera sencilla y clara, y siempre mantiene la energía adecuada en el estudio. Además es un grandísimo fan de la música. Cuando le dije a la gente que Mark produciría nuestro siguiente disco, todos me decían: “¿Mark Ronson? ¿Por qué?”.

Supongo que eso es exactamente lo que querías provocar, sorpresa.

Dejé a la gente muy descolocada, ¡jaja! Era como: “Josh, tío, esa sí que no la vi venir”, ¡jajaja! Pero Mark ha terminado formando parte de la pandilla, así es como le dije que quería que se sintiera, que si quería proponer algo lo hiciera sin complejos, y la verdad es que se lo tomó muy en serio porque siempre estaba, “tíos, podéis probar esto, podéis probar aquello”, como un chaval de quince años en el local. Nos lo pasamos genial sorprendiéndonos unos a otros proponiendo ideas, fue maravilloso ver las caras de excitación en el estudio. Normalmente no trabajamos con nadie en el estudio ajeno a QOTSA (todos sus discos han sido coproducidos por Homme y estrechos colaboradores del grupo), pero esta vez fue divertido y emocionante hacerlo porque estábamos quemando puentes con el pasado. Era como echarles fuego y verlos arder, ¿sabes?

Sé que Mark es un fanático del “Rated R”. ¿En algún momento se puso en modo fan, preguntándote detalles sobre su grabación?

Sí, tuvimos esas conversaciones, pero por ejemplo, yo que soy muy fan de Iggy Pop, también le pregunté cosas sobre sus discos cuando produje “Post Pop Depression”, pero sin ponerme por debajo de él. No hay que besarle el culo a nadie, ¿sabes? Por mucho que te guste una artista, eso no significa que tengas que tomar una postura de sumisión al conocerle. La honestidad y la emoción de Mark me resultaron creíbles, sinceras, y además hablando sobre “Rated R” me demostró que todo lo escucha con mucha atención, es muy cuidadoso para no perder detalles. Por ejemplo, en la canción “Head on a haunted house” puedes escuchar muchísimos detalles en forma de silbidos, grititos, distorsiones, detalles pequeños pero importantes, que demuestran que Mark sufre la misma enfermedad que yo, ¡jajaja! Se parece a mí en cuanto a llevar los experimentos hasta el límite, “¡hey tío, sigamos haciendo esto hasta que parezca que va a explotar!”. Decíamos cosas así. Como te comentaba, igual que unos chavales en el local. Grabando “Villains”, los dos nos obsesionamos con lo que yo llamé composición orbital, que consiste en versos que siempre se están moviendo, cambiando. Escuchas un verso, y cuando después de una vuelta vuelves a escucharlo, crees que es igual pero contiene pequeños cambios. Lo mismo ocurre en la siguiente vuelta, y así sucesivamente. A Mark le pareció alucinante, porque así logramos introducir cosas de las que te percatas cuando has escuchado el disco cincuenta veces. Sé que la mayoría de la gente no escucha un disco ni dos veces, pero a mí eso me la suda, sé que hay gente que sí lo hace, y yo hago discos para ellos.

¿Qué tal con Iggy, por cierto?

Muy natural todo, tío. Fue fantástico conocerle y que en persona fuera incluso mejor. Generoso, con sentido del humor y muy trabajador. Grabar el disco fue genial, pero creo que la gira ha sido lo más divertido que he hecho en mi vida.

El arranque del disco es avasallador, suena como si un ejército estuviera descendiendo por la montaña, listo para desatar el caos y el pillaje.

Eso que acabas de decir… no sabes cuántas veces lo he pensado. Es que desde que era pequeño ha sido una de mis fantasías, ser uno de esos personajes de cuento que son aterradores, que cuando la gente del pueblo lo ve acercarse desde lo alto de la colina sale corriendo despavorida en plan ¡sálvese quien pueda, ya viene!, ¡jajaja! Prefiero crear esa sensación en el comienzo del disco, a crear otra que sea como, “ah, mira, ya están ahí los Queens, ok”.

¿Cuál fue la principal tarea para Mark Rankin, co-productor con Ronson? ¿Equilibrar los elementos orgánicos y electrónicos, quizá?

Lo mejor de trabajar con Mark es que a la hora de desarrollar un sonido, es la persona que más se acerca a lo que yo interpreto como buenas baterías. Puedo trabajar con él sin apenas emplear palabras, sólo imitando sonidos de tambores y ya nos entendemos perfectamente. Lo que él hace nos permitió a Mark Ronson y a mí jugar y retorcer las canciones, quizá no tanto con las guitarras, porque ahí tenemos una identidad muy marcada, pero sí con los teclados. Quisimos hacer que los teclados tuvieran un papel desafiante, que sonaran perturbados, como en la música de John Carpenter, que estuvieran casi a punto de romper la canción, de joderla, y seguir por ahí hasta el límite que nos marcara el sentido común.

¿Todos estuvisteis presentes en las sesiones de mezcla con Alan Moulder?

Sí, estuvimos todos, los dos Marks y yo, todo el tiempo. Siempre he estado presente en el proceso de mezcla de los discos de Queens, y me resulta muy divertido. Además de que lo considero un compromiso, el estar ahí. Si has engendrado un monstruo, también tienes que estar ahí para ver el momento del parto. Si te digo la verdad, me resulta incomprensible que otros artistas no estén presentes cuando mezclan sus discos. “Eh mezclador, tú sigue con eso, que yo vuelvo en un rato”. No tío, no puedes irte, es tu criatura, joder.

Creo que por ahora, mi favorita del disco es “Fortress”, aunque seguro que voy cambiando. ¿Tú tienes alguna en este momento? ¿Y Mark, tiene alguna?

¿Ronson, o Rankin?

Ronson.

Sé que le flipa “Villains of Circumstance”, y también “Head like a haunted house”. Mola mucho que te guste “Fortress”, es jodidamente importante para mí a nivel de letras, también “Villains” y “The way you sed to do”. Pero sí, sobre todo “Fortress”, porque la escribí después de pasar por un proceso vital y mental bastante crucial en mi vida, que me hizo llegar a la conclusión de que tenía que dejar de intentar protegerme todo el tiempo, porque es imposible. Cuando lo intentas, no funciona. Y encontrar las palabras correctas para expresar todo eso en una canción, fue muy importante y satisfactorio para mí. Ya es tarde para intentar seguir protegiéndome de las cosas que no me gustan, tengo 44 años, y tengo que aceptarlas y vivir con ellas, porque si no, las consecuencias de ese rechazo, de ponerse una máscara, son mucho peores… aislamiento, negación, odio…

Además de “Villains of Circumstance”, que ya llevas tocando un tiempo en tus actuaciones en solitario, ya habéis adelantado un tema en directo, “The evil has landed”. ¿Qué tal está sonando?

Las reacciones están siendo bastante buenas para lo difícil que es la canción, pues es una de las que más sigue el concepto orbital que he comentado antes, la repetición y variación juega un papel muy importante en ella. Son más de seis minutos de “¡brrrrrum!”, como si un autobús fuera dando bandazos y nunca sabes adónde te va a llevar en la siguiente curva. Si te digo la verdad, yo no sé qué pensaría de la canción si mi primer encuentro con ella fuese en directo, ¡jajaja!

¿Cuál dirías que ha sido el mayor desafío a nivel técnico para ti en este disco?

Algunos riffs de guitarra. Por ejemplo, llevaba doce años dándole vueltas al riff de “The evil has landed” hasta que un día, durante la composición de este disco, decidí retarme hasta que de repente dije “oh, mierda, oh mierda, ¡ya lo tengo!”. Había algo que no entendía, y que yo no sabía qué era. Y bueno, no lo descubrí, ¡jajaja!, pero da igual porque de repente conseguí que sonara lo que yo quería. Cantar y tocar esa canción mientras te mueves en el escenario es jodido, por todas esas alteraciones y esos acentos, y cuando terminas, es como “¡fiiuuu! ¿Seguimos todos vivos?”. Lo mismo pasa con “Head like a haunted house”, vas como loco con ella, como persiguiendo algo que nunca llega a estar a tu alcance.

¿Elegiste personalmente el single “The way you used to do”?

Sí, así es. Es la primera canción que hice para el disco. Yo no grabo demos, no creo en el uso de demos. Pero esta la grabé en el estudio de mi casa, y salió prácticamente la versión final.. Me gustó tanto el resultado que intenté no escucharla demasiadas veces ni pensar demasiado en ella, pera no acabar cansado de ella o peor aún, odiándola, así que un buen día me decidí a ponérsela a los chicos en el backstage de un concierto. La reacción inmediata de cada uno de ellos fue “¿esto qué es?”. Estaban sorprendidos, pero luego todos me dijeron: “¡Me encanta!”. No sabían decirme a qué les recordaba, pero ya se lo dije yo: “Llevo una buena temporada escuchando a Dean Martin y Cab Calloway, y creo que tiene ese espíritu”. Todos dijeron, “¡claro!, ¡qué bueno!”. Tiene ese rollo ta-ta-rara, ta-ta-ra-ra-ra-ra, ta-ta-rara, ta-ta-ra-ra-ra-ra, que es rock’n’roll pero desde un ángulo diferente. La segunda canción que compuse fue “Villains”, y claro, los chicos me dijeron “¡vaya diferencia, hay aun abismo entre las dos!”.

Me encantó la promo del polígrafo. ¿Idea tuya?

Fue idea de Liam Lynch. Me dijo “¿qué tienes entre manos, Josh?”, y le dije “un disco que se va a llamar “Villains”, y enseguida vino con esta idea, que me pareció absolutamente adecuada y perfecta. Reírte de ti mismo es lo mejor que puedes hacer, especialmente si estás en la industria musical. La música es algo muy serio, no la gente que la hace. Entre él, Bonface (diseñador) y Andreas Neumann (fotógrafo) hemos montado un equipo fantástico para todo lo visual que rodea a nuestra música.

El trabajo de Bonface en “Villains” parece mostrar una conexión con “… Like Clockwork”, ya sabes, vampiros, demonios….

Bueno… el último disco evocaba la niebla, caminar en la niebla. “Villains” evoca más un establo lleno de toros que están pidiendo que abras la puerta para salir a arrollarte. Bonface es un tipo joven, de 27 o 28 años, que viene de esa escuela de diseño punk que muestra cierto desdén por lo humano, por la humanidad. Yo conozco ese sentimiento muy bien, pero a la vez quería que el diseño se relacionara en cierta manera con la idea de esperanza. Contradictorio, ¿verdad? Ese idealismo lo captó muy bien Bonface ya en el anterior disco, lo que me hizo sentir que había encontrado un nuevo socio visual, un miembro más de la pandilla Queens. Él vino al estudio a escuchar unas cuantas canciones, a ver cómo las moldeábamos, lo que yo decía en las letras, estuvimos hablando de conceptos como la reencarnación y otras locuras, y con eso diseñó esa fantástica portada a tres colores, con un estilo oscuro y profundo totalmente acertado.

Hay una portada alternativa en vinilo, y todas las ediciones en vinilo tienen algo especial, tickets en pre-venta, diseños exclusivos… 

Me gusta recordar los viejos tiempos en los que iba a la tienda a comprar discos. Disfrutarlos despacio, lentamente. En Queens of the Stone Age todo se decide por consenso. Por ejemplo, en “The evil has landed” quitamos una parte porque a los demás no les encajaba, por mucho que a mí sí. Me dieron buenas razones para hacerlo, razones convincentes. Pero otras veces se hace lo que yo digo, y con la portada fue una de esas veces. Yo quería sacar al Diablo, y el resto del grupo no estaba de acuerdo. Pero sus razones no me convencieron, de hecho sus razones para quitarlo eran mis razones para mantenerlo. Decían que era demasiado típico, pero el disco se llama “Villains”, y el Diablo es el villano original. Delante del Diablo, quería sacar mi imagen para contrarrestar el mensaje de muchas personas, que dicen que cuando alguien hace algo malo, es porque el Diablo ha querido que así ocurriera. Es la puta peor excusa del mundo, “no fui yo, fue el Diablo”. No, tío, fuiste tú. El peor Diablo, el peor villano es el que te hace engañarte a ti mismo con ese tipo de gilipolleces.

De hecho, lo que yo entiendo por “Villain” en este disco es el villano interior, más que otra cosa.

Exacto. El peor villano es el que quiere cegarte, el que hace que algo que debería ser celebrado, se convierta en algo que dé miedo. Y si el miedo conduce tus actos, estás perdido.

¿El exceso de nihilismo es también un villano interior?

Por supuesto. Si hay cosas negativas que te rodean, puedes aceptarlas, pero no hay por qué buscarlas como motivo de autoreafirmación, no hay que agarrarse a ellas para definir lo que es el mundo. Puedes convertirte en una marioneta de la destrucción, y yo no quiero ser así.

¿Tenías más canciones que quedaron descartadas?

Terminadas no. Había algunas ideas rondando por ahí, pero en cuanto estuvo claro el concepto del disco las vimos innecesarias. Para qué  íbamos a entrar en detalles con ellas si sabíamos que no iban a encajar. De hecho al apartarlas el resto del conjunto empezó a cobrar aún más sentido. Había cosas buenas en esas canciones, pero no era el momento para sacarlas. También por respeto a las propias canciones, porque cada canción tiene derecho a tener una oportunidad, pero debe hacerse en el momento correcto para que puedan desplegar todo su potencial en las mejores condiciones. 

No hay ninguna colaboración en este disco, ¿eso lo decidiste nada más terminar “… Like Clockwork”, quizá porque te dio la sensación de haber hecho demasiadas?

Fue como decir, “vale, ¿dónde estamos ahora? Pues vamos al lado contrario”. Eso siempre me parece un buen punto de partida para todo, pero no necesariamente para esta idea de hacer colaboraciones o no. Sin embargo esta vez lo fue, porque con “… Like Clockwork” quedó muy claro que es divertido tocar con amigos e invitados, pero a la vez, genera distracciones innecesarias. En el estudio estábamos diez, doce amigos tocando, y sí, un buen cachondeo… Pero para ser sincero también perdimos bastante tiempo. En este nuevo disco quería tener la sensación de concentración máxima.

Muchos han comentado que este será vuestro disco más bailable, pero yo creo que todos lo son en cierta manera. Recuerdo tu aparición en el show de Henry Rollins con “Misfit Love”, por ejemplo, y es puro bailoteo con molonidad rockera.

“Misfit Love” es probablemente nuestra canción más bailable, sí. Y tienes razón, todos nuestros discos tienen cosas muy bailables, así que es un comentario algo fuera de lugar. La gente ya está comentando cosas como “tío, “Villains” es demasiado diferente”… Y aunque se estén equivocando en algunas cosas… Pues mira colega, esto es parte de lo que somos, o lo tomas o lo dejas, ¡jajaja!

“… Like Clockwork” fue vuestro primer número uno en Estados Unidos. ¿Te decepcionaría no conseguirlo con “Villains”?

¡Jajaja! No hombre, las cosas que no puedo controlar las dejo aparte. Estaría genial, pero no puedo ni quiero tener nada que ver en eso, no forma parte de mi arte. Estoy orgulloso del disco, lo amo, ha mostrado una parte de lo que pueden hacer Queens of the Stone Age, y puedo dormir bien por las noches con mi mujer, ¡jajaja!

¿Crees que este disco podría embarcados en vuestra gira más larga hasta la fecha? ¿Pasaréis por España pronto?

Eso espero, hay ciudades españolas que me vuelven loco. Como Gerona. Recuerdo comprar varios cedés de artistas de la ciudad pensando que reflejarían al rollo medieval en su música, y me llevé buenas sorpresas, ¡jaja! Si será nuestra gira más larga o no, no me importa en absoluto. Sólo quiero embarcarme en una gira que me haga sentir emociones, retos, sin pensar en nada más. Si piensas en el dinero que puedes ganar forzando la máquina para llegar a más sitios… te estás equivocando. No hay nada bueno en ese pensamiento. Solo iremos hasta donde consideremos necesario.

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