SHARON JONES & THE DAP-KINGS, funk sin frenos (Circo Price, 13 de marzo)

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Es curioso y divertido averiguar cómo afectan los avatares de la vida de un artista a su arte. En casi todo músico o cantante es fácil encontrar ese momento que marcó su forma de expresarse, un momento que puede extenderse y abarcar lo que llamamos etapa existencial. Eso se cumple al cien por cien con Sharon Jones, una mujer que puede hacer que se disloquen sus extremidades en un arrebato de funk, o enamorarte en un susurrante soul. Una mujer que ponía a raya a peligrosos reos en su trabajo como funcionaria de prisiones, para después relajarse disfrutando plácidamente de su pasatiempo favorito, la pesca con mosca.

Ambas facetas escénicas –salvaje, plácida- se compincharon para romper el piñón fijo en el que puede caer cierto tipo de soul-funk, conjugando un completísimo show el pasado martes en el Circo Price de Madrid, donde compareció la Jones escoltada por sus Dap-Kings. Ya saben, la banda que grabó el “Back to Black” con Amy Winehouse en los estudios de Dap-Tone Records en Brooklyn.

El nivelazo de la banda de diez componentes fue el primer impacto de la noche, durante unos minutos de presentación con el riguroso protocolo funk-legend: “…y ahora, con todos ustedes… ¡Sharon Jones!”. Entonces aparece una figurilla inolvidable, una criatura saltarina desbordante de energía, con un cuerpo rechoncho y chepudo sostenido por unas patitas de movimiento artrópodo, que más que bailar parecen estar poseídas por el vudú. Ella misma lo diría minutos después: “siempre me decían que era demasiado gorda y bajita para este negocio”. Obviando lo estúpidos que fueron todos aquellos que no vieron en su voz el cohete a reacción que es, cuesta imaginar cómo ninguno de ellos tampoco reparó en lo extraordinariamente particular de su ser y estar. Si no les puedes quitar el ojo de encima, es que funciona. Regla de oro, ¿o no?

Sharon y sus reyes del Dap te ponen a tono enseguida, son unos profesionales del calentón funk, pero parece que prefirieran dejarte ahí arriba mientras ellos vuelven a lo suyo, al oficio. No sabemos si para el fin de gira –“mañana volvemos a casa”, dijo Jones- llegaron con pocos fuegos artificiales en la reserva, un inconveniente logístico que se notó en el tramo inicial tras las espléndidas intervenciones de las coristas, algo automatizado y, como decíamos, a piñón fijo. Pero el genio de Jones, con humor y un talento vocal incontestable, hizo de la velada un recuerdo difícil de borrar.

Cuando era sólo una niña, en su pueblo natal (Augusta, Georgia) a veces se cruzaba en la calle con un tal James Brown, conocido de sus padres, que limpiaba zapatos en la calle por diez centavos. Hubieran hecho buenas migas de encontrarse en los escenarios, pero los dos tendrían caminos muy diferentes, aunque confluyentes en muchos sentidos. Mientras Brown tardó poco en convertirse una estrella, a Jones le tocó esperar hasta los 90, cuando ya era una cincuentona y él carne de tabloide. Quizá precisamente eso, que la reina Dap lleva esperando este momento toda su vida, sea lo que la aguijonea sobre las tablas de esa manera. En el Price, debió hacer varios kilómetros presentando “Soul Time!”, una vigorosa recopilación del primer material entregado por el grupo y que, pardiez, se potencia claramente en el directo.

Estirado con garbo hasta las dos horas –además de brillar con bises afrobeat, Jones bailó con un hombre del público e incluso hizo impagables imitaciones en homenaje a las grandes leyendas del soul-, el recital de los Dap Kings dejó más o menos el sabor de boca que esperábamos, lo cual equivale a conciertazo. Y es que no suele haber fallo cuando la determinación se transmite de semejante modo. En mitad de un vendaval de funk sin pausa ni respiro, el grupo termina un tema y vemos a Sharon Jones darse la vuelta, reclamando más entrega y exigiendo que nadie pare, que se eche más leña al fuego. Mientras sus músicos resoplan y abortan la parada de máquinas, ella mueve el cuello de un lado a otro y da saltitos, igual que un boxeador. Oh, sí. A James Brown le hubiera encantado.

Sharon Jones & the Dap Kings regresan a España por el Festival Heineken Jazzaldia, que se celebra en San Sebastián durante la segunda quincena de julio.

(Publicado por Nacho Serrano en Diario ABC. FOTOS: Heineken)

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