El espíritu de Tulsa es una cosa vieja, áspera y certera, por eso cuando escuchas cualquiera de sus temas, te dejas envolver fácilmente por una sensación de eternidad natural, algo que te recuerda lo irremediablemente melancólico del mar, y a lo duraderas que se vuelven las cosas con el óxido del desierto y de los paisajes áridos de su sonido más «extranjero». La sal adereza todo lo demás abriendo y cerrando las heridas de Miren Iza.
sentido de que muchas veces a un buen sonido o una buena propuesta, no se les da una identidad. Y el hilo que necesita esa creación y un público con ganas de celebrar, o lo que les identifique entre sí, nunca llega a ser.
un par de líneas… más lenta y acústica, pero igual de reveladora en que la música de Tulsa se oxida a mejor. Después sonaron los tres temas de «Ignonauta», «El baile», en la que volvió al escenario Niharra sigilosamente, para ponerle flores con la guitarra a los lamentos de los coros, les quedó imponente. «Bórrame del mapa» y «Verano Averno» un gran clásico de la banda ya con su «…abril parece hostil al olor de tu verano.» Siguió la calma chicha con «Leña» que recuerda a los últimos Radiohead y a la etapa de Miren en Brooklyn. «Oda al amor efímero» también nos arropó como lo han hecho los mejores temas pop de nuestra música independiente reciente, en un instante, con los sintetizadores tímidos y delicados, ya es otro clásico, y ellos lo saben, la quieren y la tratan con cariño.