BARÓN ROJO: “Echamos de menos a las compañías de discos, con sus ventajas e inconvenientes”

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Qué se puede contar sobre Barón Rojo que no se haya dicho ya… poco, muy poco. Infinidad de especiales revisteros, biografías autorizadas y no autorizadas, y ahora una película han tratado a fondo la historia de los cuatro miembros fundadores de la mejor banda de heavy rock que jamás haya dado este país (Mariskal Romero dixit), a saber: Armando y Carlos de Castro, José Luis Campuzano alias Sherpa y Hermes Calabria. HRB estuvo charlando con ellos en la tienda de instrumentos/estudio que Hermes regenta en el barrio de Aluche, a cuenta de su concierto de este sábado 22 en el Palacio Vistalegre de Madrid (entradas AQUÍ), una cita histórica que ningún fan de Barón Rojo o del rock en general debería perderse, más aún sabiendo que se tomarán imágenes que luego formarán parte de la película que están realizando Javier Paniagua y José Sancristobal, de la que por cierto, se proyectará un pequeño avance antes de la actuación (que durará casi 3 horas).

Este filme ha contado con la colaboración de los propios fans, que han enviado imágenes, entradas y otros objetos de nostalgia de los años en que “Resistiré” era un himno generacional. “Parece que sí ha habido cierta participación y nuestros seguidores han enviado todo tipo de memorabilia”, nos cuenta Armando, que a la vez reconoce no estar “demasiado informado sobre el desarrollo de la película. Creo que se centra bastante en esta reunión, en cómo se gestó, etc…”.

Armando explica que este concierto, en el que se celebra el 30 aniversario de esta formación que se separó en 1989, ha sido la culminación de un deseo “que muchos otros han tenido antes. Ha habido mucho iluminado por ahí que pretendía ser el “artífice” de la reunión de Barón Rojo, pero esto sólo ha ocurrido cuando tenía que ocurrir”.
Echando la vista atrás, hasta 1982, recordamos su paso por Inglaterra, donde lograron el mayor reconocimiento internacional alcanzado por una banda heavy española, tocando en el Reading Festival junto a Iron Maiden, Marillion, Gary Moore o Twisted Sister, entre otros titanes del rock. “No me extraña que desde entonces nadie haya salido fuera como lo hicimos nosotros –opina Armando-. Nuestro rock era muy homologable con lo anglosajón. Aquí había calado más lo cutre, un toque de calidad era raro para ese tipo de grupos. Y a los ingleses algo tan mediocre no les entraba, ni les sigue entrando hoy”. “Se refiere al rock izquierdoso y borroka que tan de moda se puso en la primera mitad de los 80”, salta Sherpa, siempre polémico y polemista.

Precisamente a Sherpa le preguntamos cómo es posible que su discográfica Zafiro no apostase más fuerte por ellos, cuando estaban teniendo tanto éxito (se cometieron cagadas como rechazar telonear a Whitesnake en su gira mundial, o no grabar un directo en el Budokan de Japón, prefiriendo el Pabellón de Deportes del Real Madrid). “No eran cagadas, es que Zafiro era una diarrea permanente –contesta el bajista y cantante-”. Su compañero Hermes lo resume a la perfección: “Barón Rojo se les fue de las manos. No tuvieron una visión de proyección, no quisieron gastarse un dinero en girar bien, no quisieron grabar en Budokan, nunca imaginaron que lo que tenían entre manos era algo tan grande. Nos ficharon como a ver qué pasaba, y luego lo único que hicieron fue especular con el negocio que consiguieron con nosotros”. “Ellos estaban trabajando con Marisol, con Serrat… tratar con heavies no era lo suyo”, opina Carlos. “Pero lo peor de todo no es eso –replica Sherpa-, lo peor es que nos engañaron como a tontos, y te voy a contar por qué”. Ni que decir tiene que este periodista agudizó el oído ante tanto misterio. “Hace unos años, un altísimo cargo de Zafiro, en una comida en la que corrió el buen vino de Rioja, acabó algo achispado y se les escapó lo siguiente: “Qué pena que no estéis juntos otra vez para grabar otro “Volumen Brutal”. Porque si ahora Estopa vende un millón de discos, vosotros venderíais dos. Porque en aquella época vendisteis 380.000 copias y…”. Entonces se me atragantó la albóndiga y le dije: “¡¿Cómo que 380.000?! Pero si nos declarasteis 125.000”. “Bueno ya sabes…”, me contestó el muy hijo de puta. Por cierto –dice mirando a sus compañeros-, su nombre empieza por M y termina por O” (a día de hoy, el disco ha vendido dos millones de copias).

“Mientras la gente que auspició lo de Chapa estaba en Zafiro, la cosa tuvo sentido, pero cuando desaparecieron todo se fue a la mierda”, dice Armando. “Bueno, eso y que eran muy vagos –replica Sherpa-, excepto gente como Luciano Fuentes, que sabía hacer bien las cosas, y apostó mucho por nosotros. Desgraciadamente murió temprano, fue una gran pérdida”.

“Aun así”, sigue Armando, “yo echo de menos a las compañías de discos, con sus ventajas e inconvenientes. A alguien que se encargue de promocionar, distribuir y vender tu música para que tú puedas centrarte en lo tuyo”.

Para terminar, les preguntamos qué va a pasar después de este concierto. “No se sabe”, dice Sherpa, como indicándome que mirase a Armando a ver qué decía. “Por ahora las dos formaciones coexisten –dice el guitarrista- pero ésta da su último concierto el día 22 en Vistalegre, o así es como ha querido presentarlo el promotor… No se sabe, esa es la verdad”. ¿Y qué hay de la posibilidad, ya comentada anteriormente, de hacer un concierto especial con todos los miembros que han pasado por la banda, tocando por turnos o todos juntos en plan apoteósico? “Es una idea interesante -dice Armando-, yo no tendría ningún inconveniente. Podría ser muy divertido”. “Lo llamaríamos “el concierto de la memoria histórica” ¿que no?”, termina Sherpa, entre las risas de los barones.

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