IGGY POP “Post-Pop Depression”

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Iggy-Pop-y-su-Post-Pop-Depression-nuevo-disco“I’ve nothing but my name, I’ve nothing but my name”, susurra Iggy al final del manifiesto sobre la jubilación rockera colocado como tercer corte de “Post Pop Depression”. Este tema que arranca con arreglos chinescos que recuerdan a los de “China Girl” es “American Valhalla”, un título que perfectamente podría haber sido también el del disco, ya que sintetiza con brillante ironía su idea central: la incertidumbre que sobreviene al preguntarse qué deparará la vida después de ser Iggy Pop. “¿Dónde está el Valhalla americano? La muerte es una pastilla difícil de tragar. ¿Hay alguien ahí? ¿Puedo traer un amigo?”, se pregunta nuestro Iguano. 

Imposible no pensar en Bowie inmediatamente. También a nivel musical porque no sólo ese tema, el disco entero conecta con aquella época en la que conspiraban en Berlín, no tanto como en “The idiot” porque no hay juegos electrónicos ni ese nivel de introspección -aunque sí hay algo del aroma a los paseos nocturnos de “Nightclubbing”- como en “Lust for life”, con el que traza un espíritu afín, quizá algo menos chispeante pero igualmente seductor. El funk hipersexy de “Sunday”, el hit-single “Gardenia”, la lóbrega “In the lobby” y por supuesto “German Days”… respiran un aire que recuerda al de aquel disco, y por eso resulta natural, casi lógico, que vayan a convivir con “Success” en el setlist de la inminente gira de presentación.

En casi todos los cortes se hace evidente la huella de Josh Homme (cuyos QOTSA parecen haber heredado de “Lust for life” más de lo que parece: reescuchen la guitarra de “Some weird sin” o los coros de “Tonight”), y es fácil imaginarse al gigantón rubio pensando en no pasarse de frenada, pero a la vez diciéndose a sí mismo que si Iggy no quería que se notase su presencia, no le habría llamado a él.

El resultado es una música que combina la etapa más inspirada de Pop con detalles marca de la casa Homme, que inyectan enjundia a las canciones y a veces incluso las sacan de una posible caída en letargo. Puedes relajarte escuchando sin tener que buscar algo bueno a lo que agarrarte, como venía ocurriendo con los últimos trabajos de Iggy (especialmente con los Stooges, cuyo legado ha quedado algo maltrecho). Nos pasó a todos con “The Weirdness”, no tanto con “Ready to die”, y “Préliminaires” y “Après” (título que guarda un sospechoso parecido con el de esta nueva entrega) tampoco dejaron una huella imborrable precisamente.

En el fondo, echando la vista incluso más atrás, ninguno de los peores discos de Pop es rematadamente malo. Simplemente, carecen del menor atisbo de clásico. El tiempo dirá si en este álbum los hay, pero lo que es cierto es que cuando termina el tracklist, has disfrutado tanto que se te ha olvidado que estabas buscándolos. Hay una canción que no pasara a la historia (“Vulture”), pero todas las demás tienen los mimbres para formar un elepé solemne e inquebrantable.

Con “Chocolate drops”, la penúltima canción, puedes empezar a ver el cuadro completo. Incide en la idea del hastío (“Cuando llegas a lo más alto, tu mierda se convierte en chocolate”), la melodía se desenvuelve junto a un constante tañido de campanas… y entonces recuerdas que Bowie nos la coló, y comienzas a darle vueltas a las declaraciones de Iggy insinuando que este podría ser su último disco.

Es el final con “Paraguay” lo que resulta terriblemente esclarecedor. Se va. No porque se esté muriendo (esperemos!), sino porque está harto. La canción arranca con toda la banda cantando un coro a capela. Iggy continúa en solitario y dice cosas como “Me voy, a esconder mi cara”, “No me pararé a decir adiós”, “Me voy, ya no tendré que escuchar las cosas que dicen”, “No contéis más conmigo”, “No tengo miedo, no conozco el miedo, tan lejos de aquí, no tengo miedo”.

Aún estás helado cuando, en el tramo final, te destroza despachándose a gusto contigo. Sí, contigo y con la idea que tienes del estrellato rockero. Y te recrimina la mierda en que te has convertido.

“No hay nada increíble aquí, ni una puta cosa. No hay nada ¡wow!… Solo hay un grupo de gente que tiene miedo. Todo el mundo está podidamente asustado. El miedo está dentro de tantas almas… Y estoy harto de todo eso. Y sueño con largarme, con una nueva vida, donde no haya tanta información. No quiero tanta información. No te quiero a ti. Nunca más, ya tengo suficiente. No quiero saber nada de ti. ¡Sí, hablo de ti! Quiero ir allí… A Paraguay. A vivir entre los árboles, sin sirvientes ni guardaespaldas. Libre de críticas. Ser básico. Correr a algún lugar donde las personas sigan siendo seres humanos…”

Y lo hace a grito pelado, con su banda retomando el coro inicial, pero esta vez adquiriendo la épica de una arenga, una arenga para su líder, para animarle y que no se eche atrás, para que llegue hasta el final, para que acabe desahogándose del todo y suelte toda su ira con unos chillidos catárticos. Pura terapia para esa depresión que ahora nosotros estamos prestos a pinchar una y otra vez. Quizá ya esté listo para volver a ser James Newell Osterberg, y nadie más.

PUBLICADA POR NACHO SERRANO EN RUTA66

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