LOVE OF LESBIAN: “Somos terroristas de emociones”

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La banda catalana actúa en unos días en el festival Ebrovisión en Miranda de Ebro, donde presenta el primer disco de su carrera que logra un nº 1 en las listas de ventas, “La noche eterna. Los días no vividos”, álbum doble (16 temas) que les ha llevado a terrenos muy diferentes, introspectivos, confesionales y lacerantes. “He trabajado como un ingeniero de emociones, mezclando sentimientos contrapuestos en una misma canción para crear perfumes más especiales”, explica el cantante, guitarra y letrista de la banda, Santi Balmes.

“He hurgado en la herida de forma consciente, sin concesiones -continúa Santi-. Sabía que podía hacer daño al oyente cuando escuchara algunos temas, y me he dado cuenta de que de ingeniero de emociones a terrorista de emociones hay un paso muy pequeño, un pasito que en algunos momentos he saltado. Es lo que hay”.

Muchos de los ritmos y melodías de este nuevo trabajo también se han sumergido en aguas más turbias, en las que todo el grupo ha tenido que aprender a nadar. “Normalmente no es fácil que todos los miembros de una banda estén en el mismo estado anímico para dar un giro a su música”, comenta Julián Saldarriaga (guitarra y voz), “pero para nosotros sí lo ha sido. No sé qué ha pasado, en qué momento nos empezamos a sentir todos así, pero el caso es que nos hemos encontrado en la misma página”.

Saldarriaga se detiene en ese punto, echa la vista al techo y pone cara de intentar recordar algo. “Creo que pudo ser a mediados de nuestra anterior gira, que iba muy bien pero también requería un grandísimo esfuerzo físico y mental. Las alegrías y las penas, en una gira se magnifican muchísimo. Atravesamos diferentes subidas y bajadas pero nos consolidamos como grupo, como bloque”.

Como es natural, sus fans, acostumbrados a botar como locos con sus canciones, se han estado preguntando si este nuevo álbum funcionará tan bien sobre el escenario, un hábitat en el que hay que ser muy cauteloso con la densidad de las atmósferas. “Pienso que no hay tanto cambio en lo musical, quizá como obra completa sí, pero no canción por canción”, reflexiona Saldarriaga. “Claro que no -sentencia Balmes-, es un cambio más interno, que llega a niveles que no todos los oyentes apreciarán”.

En “La noche eterna. Los días no vividos” hay cambios, sí. Pero la marca de la casa es algo casi genético, una barrera invisible que impide ir, casi siempre, demasiado lejos. “Es como lo que dijo The Edge, de U2: cuando terminas un álbum siempre crees que has hecho el mejor disco, el más original de tu carrera, pero cuando pasa un año te das cuenta de que llevas haciendo el mismo disco toda tu vida”, dice Balmes. Casi todos los músicos somos reincidentes. De hecho, estoy seguro de que antes de que nosotros mismos nos lo esperemos, volveremos a la juerga total. Sin forzarlo, ocurrirá. Seguro que en algún momento de esta gira ocurre algo que nos haga desmelenarnos otra vez”.

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