
lleva hasta 1967, año del nacimiento de uno de los grupos más fascinantes de la historia del folk, y el más alucinante de todos en la rama ácida del género: Comus.Su música es de las más bizarras, estremecedoras e inquietantes que servidor haya escuchado jamás. Son, sencillamente, únicos. Sus ideas están tan fuera de lo común que pueden ser algo difíciles de asimilar, pero si se les escucha con tiempo y paciencia –como en los viejos tiempos, vaya- la recompensa es enorme, pues su legado sigue siendo asombrosamente singular cuarenta años después de que su separación.
Fueron “descubiertos” por el ahora menos audaz David Bowie –comparen, comparen con su últimos apadrinazgos- allá por 1969, después de quedarse literalmente anonadado al escuchar sus propuestas musicales. El duque blanco se convirtió en una suerte de mecenas al reclutarlos en su Beckenham Arts Lab, y posteriormente invitarlos como teloneros en varios de sus conciertos de la gira inglesa de “Space Oddity”.
El grupo se formó en 1967, cuando dos jóvenes de 17 años llamados Roger Wootton y Glenn Goring unieron fuerzas inspirados por los discos de Pentangle y Velvet Underground, grupos de los que hablaban largo y tendido en sus descansos en el Ravensbourne College of Art de la ciudad de Kent, donde conocieron al violinista Colin Pearson. El bajista Andy Hellaby y la percusionista y cantante Bobbie Watson se unieron al grupo ya en el Beckenham Arts Lab, donde también hicieron amistad con el que pronto sería su mánager, Chris Youle.
Youle fue de hecho quien sugirió el nombre de Comus, basándose en una mascarada escrita por John Milton. Por otra parte y según la mitología griega, Comus, hijo de Circe y Baco, es el dios del exceso, de la fiesta, del desenfreno. Perfecto para el paganismo psicótico-musical del grupo.
Tras hacerse con lo servicios del flautista Michael Bammi Rose –que pronto abandonaría para ser sustituido por Rob Young-, Wootton compuso los temas para “First Utterance”, un totémico álbum debut que no vería la luz hasta 1971. Entonces Young también dejó el grupo y entró una segunda mujer, la fagotista Lindsay Cooper.
Su propuesta era tan excéntrica que fueron ignorados por completo, y su mánager los abandonó para irse a trabajar a Polydor. Aquello deshizo el grupo, que sólo volvería a reunirse en 1974 para grabar un olvidable “To keep from crying”.
No hay nada más en la historia de Comus. Pero era cuestión de tiempo que aquel “First Utterance” tuviese su merecido reconocimiento. Fue reeditado en 1995, y poco después, el líder de la excepcional banda sueca de metal progresivo Opeth, Mikael Akerfeldt, quedó prendado de ellos comenzando una campaña pro-Comus en toda regla, empleando frases de sus letras en sus propias canciones, hablando de ellos en las entrevistas y llevando camisetas de “First Utterance” en sus conciertos.
Con Jon Seagroatt como nuevo percusionista y flautista, la formación original se reunió en 2008 y desde entonces han dado varios conciertos (estuvieron a punto de venir a España, pero se canceló el festival Psych Frog, en el que eran cabezas de cartel).
Su obra maestra, “First Utterance”, está ahora disponible en un fantástico doble vinilo editado por Earmark.
Letras sobre sexo brutal, muerte y locura desgarran una música retorcida y preciosa a la vez, que abruma por su capacidad de iluminar con oscuridad, que maravilla por su excepcional sentido de la belleza, y que es capaz de transportarnos a cuentos de hadas o sumergirnos en verdaderos akelarres, como el de “Drip, drip”. No es recomendable. Es obligatorio.