Muchachito Bombo Infierno sigue en la carretera y viene con energía. Tras la gira de «Qué puede salir mal», presenta un la gira Historias de ser Muchacho.
Nos presenta un show donde repasa su trayectoria al completo, desde sus inicios como músico callejero, como militante de Trimelón de Naranjus y los supergrupos, G-5 y La Pandilla Voladora, así como por su ecléctica discografía. Ahora arranca esta gira donde podrás conocer las Historias de ser Muchacho y del alias Muchachito, que lo acompaña a lo largo de más de treinta años de música, escenarios y memorables aventuras.
En los noventa, estuve formando parte de una banda muy poco convencional donde los nombres, tanto como el de el grupo como el de sus componentes iban y venían cambiando a su antojo en cada actuación.
Jugando cada día a ser un distinto personaje, cambiando nuestras procedencias y pasados con mucha risa, mofa y convicción como el que no quiere que lo encuentren. Así es como vio la luz el personaje de “el Muchachito”, al que represente a lo largo de aquellos años y que se quedó como mi carta de presentación y mi querido “alias”.
Todo empezó tocando aquella canción en la calle con Melón Maguilaz y Daniel Fantastic Lillo. Estábamos tocando a nuestra manera un tema mejicano que habían grabado “Pata Negra” llamándolo “Juan Charrasqueado”. Era la historia de un pistolero ofrecido en el amor al cual daban caza y muerte dejando un chiquillo en una choza y muchos corazones rotos. Pero no… Nosotros no hacíamos esa.
Nosotros hacíamos una adaptación de la versión de Kiko Veneno a la que él llamó “El Mejicano”. Me sentía mucho más identificado con ella. En esta ocasión el pistolero no se llamaba Juan y no era ofrecido en el amor, más bien era el que perdía todo el rato en el mismo, echando de menos a su enamorada eternamente y huyendo en su caballo marrón. Pero lo más importante… Sobrevivía.
D En Trimelón que fue como se acabó llamando aquella banda lo bautizamos en el set list como “el Muchachito”. Cuando llegaba ese momento me ponía un sombrero enorme y salía con una botella de tequila en la mano, sorteando pruebas por el escenario con una tremenda suerte a la par que torpeza, debido al estado de embriaguez del personaje, no siempre simulado. Esquivar mazas con forma de machete era imprescindible en el número. Hacíamos todo un bloque de canciones dedicado a ese universo y le fui pillando cariño.
En 1996 llego nuestro primer paso por un estudio, había que poner un nombre en los créditos y nadie iba a utilizar el verdadero, así fue la primera vez que quedó escrito.
Al acabar aquel proyecto fui de cabeza a refugiarme tocando en pequeños pero increíbles bares. Salía tocando la guitarra hasta que no quedaban cuerdas, las de mi garganta también sufrían estragos. Aporreando a zapatazos un palé (palet) de madera completaba mi ventilador bruto y personal. De ahí salió el primer apellido “Bombo”. El segundo nunca le gustó a mi abuela, pero así son las cosas.
Seguí tocando, hice canciones y empecé a grabar discos, siempre con mis compinches y arropado por ese entrañable seudónimo que me acabó marcando el camino en el que sigo estando, hoy con la friolera de treinta años recuerdo aquel momento casi fortuito traído por la magia de aquella canción con mucha alegría.