THE LEMON TWIGS. Los niños burbuja

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Que unos chavales de veinte años compongan una opera rock no es normal. Que lo hagan en 2018 ya suena a ciencia ficción. Recluidos en un mundo de abstracción musical ajeno a “la contaminación” de hypes y tendencias, los hermanos D’Addario han cocinado a fuego lento su segundo largo, Go To School

Sentados con sus guitarras en la acera frente a las oficinas de Everlasting/Popstock! en Madrid, los neoyorquinos Michael y Brian D’Addario parecen dos jóvenes haciendo auto-stop hacia el festival de Monterrey. Sus pintas sixties son de manual, pero también hay algo especial en sus rostros, que lucen una expresión despreocupada e infantil y a la vez profundamente evocadora de otro tiempo y lugar en el que los chavales no vivían encadenados a un móvil, sino a un instrumento.

Al comenzar su ronda de entrevistas maldecimos que los separen para atender al mayor número de medios posible, pero poco después la medida se revela pertinente. El discurso del que nos toca, Michael, es tan locuaz, incisivo y holístico que una entrevista a dos hubiera sido abruma-dora.

Este trabajo ha debido ser muy laborioso, ¿costó decir “vale, ya está terminado”?

Ha sido agotador. Especialmente el proceso de mezcla, que fue lo que más nos costó terminar. Una vez eso estaba hecho, los dos juramos no tocar nada más.

¿Fue fácil mantenerse en la misma página, entender las ideas del otro…?

Sí, porque yo creo que tenemos roles diferentes. Me encantaban las canciones que Brian iba escribiendo, especialmente «If you give enough», y eso me impulsaba a hacerlo al menos igual de bien, o a intentar superarlo. Creo que él también lo entendió así, como una sana competición creativa.

El formato de musical, o de opera-rock si prefieres, ¿fue un punto de partida conceptual? ¿o la idea se moldeó al ver cómo iban quedando los temas?

Las canciones fueron escritas durante nuestros últimos meses en el instituto, y trataban precisamente sobre eso, sobre ir al instituto. Empezamos a ver las conexiones entre ellas, a añadir algunos otros elementos para terminar de darle forma al concepto, y buscar entre los dos una especie de moraleja que fuera una guía para los dos, y que hablara de algo con lo que todo el mundo tiene que lidiar en una etapa de su vida.

Creo que hemos conseguido unificar nuestras visiones de un modo muy interesante. Hay canciones más figurativas, otras completamente literales, pero todo fluye como un diálogo.

Parecerá una boutade, pero no puedo evitar ver un espíritu pinkfloydesco en el hilo conceptual.

¡Oh, es verdad! No me había acordado de esa característica de Pink Floyd. Ellos desarrollaron este tema más por la vertiente del antiautoritarismo, de la rebelión, y en ese sentido hay algunas similitudes con lo que hemos hecho. Pero lo que nosotros hemos querido decir es que cuando vayas a la escuela, o al instituto, intentes mantener tu santidad, tu espíritu y tu alma a salvo de los cínicos y de los ignorantes.

Inténtalo a toda cosa. Sin embargo, el personaje de nuestra historia, que es bastante surrealista, es un chimpancé criado como un niño que no lo consigue. Nuestro planteamiento es distinto al de Pink Floyd, pero puedo ver los paralelismos, por supuesto.

¿Cómo fueron tus días en la escuela primaria? Crecer en una familia creativa (sus padres son artistas) quizá generó ciertas frustraciones en clase.

Sí, fue aburrido. Cuando era un niño me interesaban las clases de inglés y algunas otras cosas, pero a los doce años hice una película (People Like Us, ndr.), y una vez has visto ese mundo, es decir, una parte del mundo real, que está fuera de las cuatro paredes de la escuela, ya no quieres volver. Me pasé seis meses sin ir a clase y además me pagaban por ello… ¡Ya no había oportunidad para mí! (risas)

Intentar volver a clase, prestar atención, sabiendo todas las cosas creativas que podía estar haciendo ahí fuera y que el mundo no se acababa en Hicksville (Long Island)… fue muy frustrante, sí. Como estar encerrado. Me frustraba saber que me estaba perdiendo conocer a gente mucho más inteligente que mis compañeros del cole, gente interesada en el arte.

En lo estrictamente musical, el disco suena como un espíritu libre. Como si no hubierais sentido la más mínima presión a pesar del considerable éxito de crítica de vuestro primer largo, Do Hollywood.

No sentimos ninguna presión. En ese sentido ayuda que no hayamos tenido ningún hit, porque así nadie espera ningún estilo o sonido determinado de nosotros. Tampoco hemos tenido muchas ventas. A la gente le gustó nuestro debut, y bueno, las reseñas fueron buenas, pero los críticos tampoco es que se volvieran locos con nosotros. Creo que gracias a todo eso, hemos podido ha-cer “Go to School” con carta blanca.

Y bueno, no debería ser yo quien diga cuán valiente es este disco, pero estoy seguro de que la gente que nos sigue notará cambios, pero los verá como una progresión natural. Eso sí, estoy seguro de que es más valiente que, por ejemplo, lo nuevo de Mac Demarco y cosas así… (risas). En realidad no le sigo, pero sí es más valiente que todos esos discos que dicen estar cambiando la música actual, y que en realidad no tienen nada dentro (risas).

Esta vez habéis grabado en vuestro propio estudio casero.

Sí, el primer disco lo grabamos en casa de nuestro amigo Rado (de Foxygen, ndr.), y el EP en realidad lo grabamos antes en la nuestra, en una grabadora de cinta de ocho pistas. Así que con este disco todo ha seguido haciéndose de forma casera, pero con una gran diferencia: ahora tenemos un equipo de verdad.

Decías que no habéis tenido muchas ventas, pero ese equipo vendrá de ahí digo yo.

Bueno, del dinero de nuestro sello, sí.

¿Os gustaría llevar este musical a Broadway, o a cualquier escenario donde pudiera ser fielmente representada?

Muchísimo, ojalá eso ocurra algún día. Pero creo que ahora no seríamos capaces. Molaría salir de gira con el disco, tocarlo, tocarlo y tocarlo, hasta que la banda lo clave, y entonces pensar en algo más. Quizá en un par de años o así.

¿Cuántos músicos hacen falta para ejecutar este disco en directo?

Seguramente deberíamos usar más, pero por ahora lo estamos tocando con cinco músicos. Intentamos replicar algunos sonidos, como por ejemplo arreglos de cuerdas, pero sin hacer trampa. Es decir, no intentamos “falsear” un sonido de cuerdas, sino recrear las sensaciones que generan las cuerdas en directo, mezclándolas incluso con cosas que no están en el disco, como coros, texturas acuáticas, etc… Pensamos mucho sobre esto, porque a medida que vamos tocándolo vemos nuevas posibilidades para la inclusión de más arreglos del disco, y obviamente se necesita más gente para eso.

En la grabación habéis trabajado con Todd Rundgren, ¿cómo fue la experiencia?

Genial. Dio un concierto a unos diez minutos de donde vivimos nosotros, y al terminar se vino a nuestro sótano a grabar unas pistas.

¿Teníais miedo de no conectar con él?

No, porque ya le habíamos conocido fugazmente en otra ocasión, y quedó claro que era un tipo sensacional. Nos preocupaba más que no entendiera exactamente lo que le pedíamos, que no se diera cuenta de que no era cantar unas líneas y ya está, sino de sumergirse en una canción muy compleja, que llevaba su tiempo.

Hay artistas que cuando llegan a una colaboración se creen que pueden hacer lo que les apetezca, “porque si no no les hubieran llamado a ellos”… Y bueno, en parte es cierto, pero hay que respetar a quien te ha llamado y escuchar qué es lo que necesita. Y él lo hizo. Es ese tipo de músicos, como Jody Stevens de Big Star, que también colabora en el álbum de una forma brillante a mi parecer.

Rundgren hace de padre del protagonista, compartiendo unas líneas con vuestra madre, que hace de mamá. ¿Se llevaron bien?

Ah, eso lo grabamos por separado. Pero sí, se conocieron en la planta de arriba. En mi opinión, mi madre está genial en esos diálogos.

Una de mis favoritas es «Small Victories». ¿Hay alguna especial para ti, o que creas que es fundamental en la trama del musical?

Mi favorita es la última, que ya he mencionado antes, «If you give enough». Es muy bonita, tiene unas voces preciosas, unos arreglos perfectos, y un theremin genial y único. También creo que «Born wrong» tiene arreglos particularmente impresionantes, y la primera canción «Never In My Arms, Always In My Heart», es muy real y convincente.

Vuestras voces suenan con cierto acento británico en algunas partes, ¿es adrede, para realzar la atmósfera clásica de musical?

¿En serio? Sí, quizá nos surge de forma espontánea por una cuestión musical. Nosotros vemos los musicales como obras atemporales, y los actores de musicales suelen sonar con un acento como de realeza, elegante, incluso aunque sean americanos que no pretenden imitar el acento inglés.

He leído que pretendéis sacar otro disco, incluso dos, antes de salir de gira. ¿Es así?

Queríamos hacerlo, pero no nos da tiempo. Intentaremos hacerlo en diciembre, que es una época en la que nadie está de gira porque son las Navidades. Si mantenemos la energía lo haremos, porque ya tenemos todas las canciones. De hecho, tenemos para dos discos como bien dices.

Leí que queríais hacer un disco de power-pop, y otro de corte “medieval”.

Sí. El de onda medieval es más una idea, tenemos algunos temas que siguen ese arquetipo, pero quizá grabemos primero otro más power-pop y accesible, que será más fácil de hacer y también tenemos temas suficientes. Creo que puede gustarle a la gente.

Cuando se dice que The Lemon Twigs es una banda que podría haber existido entre el 67 y el 72, ¿os agrada? ¿o preferís ser vistos como una banda cien por cien contemporánea?

Nos da igual. Cuando intento sacar un sonido de batería, siempre me pregunto por qué las bate-rías suenan tan mal en los discos actuales. Prefiero el sonido de batería de los sesenta y setenta, pero eso no quiere decir que pretenda ser como un artista de los sesenta. Cada sonido tiene su mundo de posibilidades. Para el rock esto es lo que busco, pero si quisiera hacer hip-hop haría otra cosa.

El rock era lo mejor en los sesenta, pero ahora creo que no lo es. Ahora lo mejor está en el rap, tío, es así. No hay nadie que se acerque si quiera a bandas como los Rolling Stones. El rock moderno, Queens of the Stone Age, los putos Foo Fighters… todo eso no me mola. Aunque te gusten, jamás podrás decir que son tan buenos como los Stones. Pero por ejemplo, sí puedes decir que Kanye es tan bueno como los raperos clásicos, o incluso mejor.

¿Te gustó lo que hizo Kevin Parker con el sonido de las baterías?

La verdad es que hizo algo único con las baterías, sí. Es difícil para mí ser objetivo con sus prime-ros discos, porque llegaron en un momento que yo era un chaval y amé su sonido. Pero ahora es muy difícil para mí escuchar algo que se le parezca… porque ahora hay tantos grupos que suenan exactamente igual. Tame Impala se ha convertido en un género, y eso es ridículo. Es como con Mac Demarco.

Veo que no te gusta Demarco.

Al principio me pareció chulo que grabara en cinta, pero después se ha convertido en una moda insufrible, que no quiero que me contamine lo más mínimo. Se ha convertido en algo personal, no quiero que todo eso me influya, así que ya ni lo escucho. Para mí es más sano pensar que la música de los demás es una mierda (risas), porque así no tengo la tentación de oírla, y me mantengo puro, sin contaminación.

Trabajasteis en el último disco de Foxygen, que también es una especie de musical.

Así es. Tiene muchos más arreglos, y fue mucho más caro de grabar (risas). No me gusta tocar la batería en discos de otros, pero por Rado,haría cualquier cosa.

¿Sentiste mucho la muerte de Richard Swift? Él fue para Rado lo que Rado para ti…

Sí… Es horrible (baja la mirada y calla unos segundos).

Veo que te ha afectado mucho.

Sí. No sé qué decir. Es tan terrible… es jodidamente terrible. Es parte de la historia de Foxygen y de The Lemon Twigs, es decir, parte de esta familia musical. Me rompe el corazón.

Para terminar, ¿es cierto que estáis pensando en cambiaros el nombre?

Sí, le hemos dado muchas vueltas porque no nos gusta. Quizá firmemos el próximo disco como Michael & Brian D’Addario, y así cuando nos separemos la gente podrá reconocernos, como a Simon y Garfunkel cuando se separaron. Es una buena táctica. Por otro lado… a veces pensamos que no puedes hacer música seria llamándote “las ramitas de limón”, pero ahí tienes a los Beach Boys. Hicieron cosas jodidamente serias con ese nombre tan tonto.

Publicado por Nacho Serrano en la revista Ruta 66 de Octubre

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