ROSENDO “De escalde y trinchera”

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El maestro de Carabanchel publica su décimo sexto elepé de estudio, otra obra de relumbrón dentro de su prolífica y sin par carrera en solitario, desde aquel lejano 1985 donde debutara “Loco por incordiar”, tras abandonar uno de los combos más emblemáticos del rock en castellano, los míticos y añorados Leño.

El “Jefe” (como le llaman sus amigos y allegados) del Rock Estatal (con mayúsculas) edita otro capítulo de vida hecha jirones, amargo y febril, que brota a borbotones con bluseros acordes de eléctrico trovador, como gato escaldado que huye del griterío y del borreguil mogollón. ‘Ni con besos de tornillo ni con paracetamol’ levantamos el vuelo en esta era de domesticación colectiva, de grisura por doquier, de mediocridad reinante. “Cúrame de espantos” canta este profeta urbano a las primeras de cambio, él que viene despacito por su carril, sin molestar a nadie…

Cuatro años han pasado desde su anterior entrega “Vergüenza torera”, para un artista acostumbrado a parir un disco casi al año, en sus tiempos mozos. Ahora pasan los días y pesan los años, a pesar de que la lírica permanece intacta en perlas cultivadas del calibre de “Un capullo dentro de un jarrón”, “Qué bufonada” o “Maldita flojera”… y otras tonadas de título explícito (‘las miserias no me han sometido’, gruñe con rabia) y es que donde Rosendo pone el acento, pone la intención. ‘El desconsuelo de la frustración, la soledad y el desconcierto’ se dan cita en un disco muy suyo, donde las canciones son una vez más el centro de atención. “Soy” lo que soy, un rockero insobornable (añadimos nosotros) que describe con estremecedora lucidez todo lo que ve a su alrededor, luces y sombras de la post-modernidad en un mundo que ha perdido el rumbo; se adivina “El Túmulo”, traumas a flor de piel en una sociedad invertebrada. ‘Voy a compartir el desánimo’, “Maldita flojera”, a la vejez, viruelas.

‘Tiempo de codicia, hipocresía y malversación, mansedumbre garantizada’. “Que bufonada”, tanta furia y tanto ruido ‘para seguir igual’, la farsa de la política desenmascarada en país corrompido por los cuatro costados, que no hay por donde cogerlo. Amargura y resignación, cada cual en su trinchera: ‘ya no sentimos dolor, ya nada ofende y todo nos parece bien… “Terciopelo herido” (con letra de su vástago Rodrigo Mercado) que alumbra junto a sus inseparables Rafa Vegas (al bajo) y Mariano Montero (en la batería), amén del sempiterno y agradecido Eugenio Muñoz en los controles, que ya tiene calado al maestro como si fuera su otro yo. Otro disco más con vocación de clásico. ‘A pesar del tiempo transcurrido y de todo lo que no aprendí, de las veces que me he confundido y los lances que hube de medir, aun quedan tragos que apurar y espacios por explorar’, añade nuestro protagonista como un rayo de luz en un desierto de fatalidad. A ver si encontramos pronto la salida.

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