RULO Y LA CONTRABANDA «El doble de tu mitad»

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Con la bohemia a cuestas, Rulo alumbra su tercer elepé de estudio. Un disco agridulce, muy bien producido por Carlos Raya, que se reafirma en las coordenadas musicales que auparon al artista cántabro como uno de los valores emergentes más importantes del país, posible recambio de relumbrón y futuro líder del rock urbano blandito, ahora que Fito Cabrales está en temporada de barbecho…

Misma temática y parecidas canciones resultonas, idéntica querencia por Joaquín Sabina y sus extravíos amorosos, que en sus dos anteriores capítulos, elaborando ese rocanrol de autor para jóvenes y mayores, que calienta pero no quema. Ahora que Leiva y Rubén Pozo toman el relevo, por separado, junto a Dani Martín, de ese run-run domesticado que poco a poco se ha ido instalando en las ondas, Raúl Gutiérrez ha visto su oportunidad como talentoso ‘rookie’ para asaltar los cielos, una especie de Griezmann del rock urbano pegadizo, sobrado de desparpajo, que añora poner en jaque el dictado de la BBC y la MSN. Como San Panoli tratando de patentar el bálsamo de Fierabrás, tras la eliminación copera, este tercer plástico pretende descifrar el juego de posición y la presión asfixiante al rival (de lista discográfica).

Sin duda, Rulo & La Contrabanda apuntan alto, escarbando en sus “Días dorados”. Zumo de vida ‘canalla’, recién exprimido. Aunque, por desgracia, en estas cuestiones todo el pescado está vendido y pocas cosas pueden sorprendernos a estas alturas. Ahora que Evaristo, el Rey de la Baraja anda más puntero y lunático que nunca, al frente de un Gatillazo que nunca defrauda y el Mesías del Rock Transgresivo, Robe Iniesta, pone rumbo a los cerros de Úbeda, nuestro protagonista se viste de cantautor eléctrico y trata de arañar el cielo, embutido en sus mejores galas, como un ‘crooner’ que desea vivir en “Tu alambre” y digerir todo el éxito y las vivencias acumuladas en los últimos años. Canciones no le faltan, visto el resultado de este disco, que sumará nuevos adeptos para la causa sin defraudar a los ya convencidos.

“Mi vida contigo era un blues” debió pensar Rulo, haciendo equilibrismos en el difícil arte de compaginar rock’n’roll y grandes audiencias. “Me gusta” la vida bohemia, el desorden y los líos amorosos, quien no se ha perdido alguna vez en los brazos de la pasión, debió mascullar entre tanto ajetreo de idas y venidas a su Reinosa natal. De igual modo que el flaco jienense entonó su particular “Yo, mi, me, contigo”, muchos años después de aquellos latidos urbanos, “Pongamos que hablo de Madrid”, Rulo llega a la misma conclusión por la vía rápida. “Me quedo contigo”, ‘entre Beatles y Stones, entre el ‘piercing’ de tu lengua y el de tu ombligo’ para que devanarse más la sesera, llueve sobre mojado, de perdidos al río…

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