LOQUILLO “Viento del este”

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Loquillo---Viento del EsteJosé María Sanz vuelve por sus fueros, soplando “Viento del Este”, los aires de cambio que azotan estos pagos, en un álbum que transmite un clasicismo embriagador, y donde bulle verdadero rock’n’roll de autor (con el librepensamiento por estandarte), y una instrumentación rutilante hilvanada a base de magníficos riffs, pedal-steel, acordeones, violines, una pequeña sección de vientos (en la más pura tradición soul) y hasta las cuerdas desatadas de la Orquesta de Bratislava para aderezar un álbum mayúsculo de canciones que no dejarán indiferente al respetable.

Tras “La nave de los locos”, Loquillo rubrica su vigésimo disco de estudio, un plástico que pone rumbo a la eternidad con vocación de clásico temprano y donde se atreve hasta con “Me olvidé de vivir”, la vieja perla que popularizó por estos pagos el inefable Julio Iglesias, un año después que Johnny Halyday pusiera su aterciopelada voz en ella. Pero obviemos con la anécdota. Como reza el dicho, cuando el sabio apunta a la luna, el necio solo ve el dedo que señala el camino. De inicio, nuestro protagonista nos desea “Salud y Rock and Roll”, toda una declaración de intenciones que se ve refrendada en la estelar “En el final de los días”, primera bofetada a bocajarro que nos lanza. Luego vendrá un chaparrón de guantazos, grandes golpes que encajamos con natural satisfacción, son lances que no están al alcance del común de los mortales. “Los dioses engañan” y las cartas están marcadas, huérfanos como estamos de liderazgos que nos lleven a la tierra prometida. “El mundo que conocimos” se desvanece como lágrimas en la lluvia, ‘la Europa que ganamos y la España que perdimos’ en cuatro minutos que pueden más que muchos lustros de cruel destino. Con ‘los ideales abandonados, los valores desterrados’ y este podrido mundo a la deriva, no queda sino luchar. “A tono bravo” reivindicando a don Miguel de Unamuno (esa rebeldía existencial) y el Himno de Riego en una segunda entrega, sui generis, de la “Mala Reputación”. A medio canino también del espíritu que alumbró las tres F, léase “Feo, Fuerte y Formal”. ‘Elegí la disidencia, el motor de mi existencia, elemento discordante, la voz de tu conciencia. Escribo a quemarropa, en legitima defensa, no comparto opiniones, dicto sentencias…’. Ya sabemos que nuestro héroe no tiene abuela.

“Limusinas y estrellas” contemplan nuestro trasiego en esta sociedad dual y despiadada que los poderosos quieren construir. Como un travelling urbano por los sueños perdidos y la gloria efímera. Delirios de grandeza en forma de cemento y subterfugios que esconden una gran frustración colectiva. En ese sentido, la portada del disco es esclarecedora, con la Torre Agbar como fondo fálico y patriarcal. Asoma “Rusty” con ese aire soul a lo Otis Redding, los buenos tiempos vuelven a la memoria, ‘¿recuerdas el primer beso?, ¿la primera traición?’ nos espeta Loquillo, rodeado como siempre por una banda de auténtica liga de campeones encabezada por Josu García (a la sazón productor del disco), con Mario Cobo e Igor Paskual en las seis cuerdas, Alfonso Alcalá al bajo y Laurent Castagnet en la batería. Jorge Rebenaque y César Pop pusieron su granito de arena en los arreglos de teclado. Con “Viento del Este”, Loquillo dicta su propio “Auto de Fe”. No mires atrás. Cualquier tiempo pasado no siempre fue mejor.

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