VARGAS BLUES BAND “Hard Time Blues”

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VARGAS BLUES BAND Hard Time BluesJavier Vargas presenta el décimo séptimo álbum de estudio de su dilatada y exitosa carrera, un compendio de blues a quemarropa para soportar estos duros tiempos que nos ha tocado vivir, la banda sonora de una época gris y oscura donde la tecnología suple los valores humanos más elementales y a los refugiados que vienen huyendo de las guerras, se les deja tirados a su suerte, abandonados en la cuneta de un sistema criminal.

Al más puro estilo Fleetwood Mac comienza un elepé que no dejará indiferente al oyente ávido de chicha sonora y caña rhythm&blusera. Pero antes de que asomen las guitarras afiladas como cuchillos jamoneros, no está mal un poco de terciopelo sonoro para endulzar unos tiempos realmente duros, que hacen honor al título del plástico. “Welcome to the World” y “King of the Latin Blues” dejan un dulce sabor de boca, al tiempo que asoma Paul Shortino con su privilegiada garganta (Rough Cutt, Quiet Riot, King Cobra…) en el tercer corte del álbum, mostrando el lado rockero de una isla donde se escucha demasiado ‘house’, en palabras de nuestro protagonista.

Aguda reflexión con “Ibiza Mooon” iluminando la noche ibicenca, mientras se abre una senda al rock’n’roll salvaje, “Road to Freedom”, y un ardiente escalofrío se apodera del cuerpo en “Burning Shuffle”. Puro blues a medio camino de Stevie Ray Vaugham en dura pugna con Gary Moore, dos leyendas del olimpo que sirven de faro para alumbrar la sombría vereda de una era que será recordada por su crueldad y desprecio al sufrido ciudadano.

En formato power-trio cosmopolita: Javier Vargas a las seis cuerdas; junto al argentino Luis Mayo al bajo (y voz), y al holandés Peter Kunst a la batería (y voz), se bate el cobre una vez más, secundado por el magisterio de Paul Shortino en siete piezas de un disco que le pega duro al blues pantanoso, “Playing at the croossroads”, “Bottleneck blues”, “Down by the river”…, jugando al escondite con el mismísimo diablo en el cruce de caminos, agarrados al mástil de las ilusiones como único asidero ante la tormenta en la que estamos instalados. Agarrándose a un clavo ardiendo, como Ulises en su particular odisea, un viaje a territorios prohibitivos de intensidad musical, vetados al común de los mortales. Wah-Wah a flor de piel y dulcísimos latigazos de ritmo y blues, aderezados con electrizante overdrive, cuyos ecos desembocan en “Avenida de Mayo”, sonoridades de ambos lados del charco destiladas con mucho oficio y pasión. Una vez más, Javier Vargas da en el clavo y se marca otro elepé sensacional.

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