Crítica – SALVADOR DOMINGUEZ “Recuperemos la ilusión”

por

salvaGénero: Rock
Sello: Santo Grial

9 / 10

El legendario guitarrista hispano argentino, ilustre protagonista en los años ochenta junto a Miguel Ríos (para luego volar alto con Banzai y más tarde en Tarzen) publica este magnífico Mini-LP de seis canciones, el séptimo álbum de su carrera en solitario, revisitando viejas atmósferas hard-rockeras de aquel maravilloso plástico “Sangre en la Arena”(1992) con el que marcó una época.

Guitarrista de culto donde los haya, reverenciado por la fiel parroquia rockera capitalina (que le tiene en un altar por sus trabajos junto a Miguel Ríos y Banzai), Salvador Domínguez aterrizó por estos pagos a finales de los años setenta, registrando dos elepés que quedaron para la posteridad “Banana”(1978) y “Recién Pinchado”(1979), el primero de ellos junto a su amigo Javier Vargas (también componente de la Rock&Rios Band) y que luego se convertiría en gran estrella internacional, en los años noventa, con ese combo de blues-fussion hecho a su medida, la Vargas Blues Band.

Desde Caracas con amor, donde se crió en su adolescencia, Salvador Domínguez fue dando sus primeros pasos (Los Canarios, Los Pekenikes), antes de compartir sus mejores momentos junto a Miguel Ríos y componer las míticas tonadas, “Reina de la noche” y “Banzai”, que le servirían en su posterior despegue junto a Valentín del Moral ‘Chino’ (voz), Carlos Vázquez ‘Tibu’ (bajo), Juan Carlos Redondo ‘Snoopy’ (teclados) y Larry Martín (batería), asfaltando de este modo su particular camino de baldosas amarillas, junto a los míticos BANZAI, rock urbano por derecho y con mayúsculas, más la poética del sin par Xaime Noguerol en aquellas inolvidables letras, denuncia expresa de la gris y caníbal metrópoli en vías de desarrollo, trufada de chabolismo y núcleos marginales que aconteció en medio de aquella edad de oro. Luego vendría el segundo capítulo, “Duro y Potente”, de la mano de ese gran vocalista, José Antonio Manzano, y más tarde los TARZEN, rock’n’roll angelino y cardado (al más puro estilo ochentero) junto al ex miembro de UFO, Danny Peyronel a los teclados, y su hermano Michel Peyronnel a la batería, más Ralph Hood al bajo (en su primera entrega).

Sonido de power-trio y adornos a lo George Lynch (Dokken) antes de aquel seminal “Sangre en la arena” que marcó un hito en el ROCK hispano-argentino a principio de los años noventa. Diamantes como “Nunca miro hacia atrás”, “Amante de plástico”, “Luna de fuego”, “Subiendo”, “Vicios ocultos” o la maravillosa “El ángel Azul” dejaron el listón demasiado alto antes que nuestro protagonista se dedicara a experimentar sonidos (grunge, ambient…) en plásticos extravagantes como “Psicópatas Urbanos” (98) o “New Flower Power”(05), bruscos volantazos que dieron al traste su carrera como artista de masas.

Rodeado ahora por la flor y nata de la profesión (Jorge Fontecha a la voz, Jesús Arispont al bajo, Kiki Tornado a la batería, Lucía del Campo a los teclados) trata de recuperar el tiempo perdido junto a esta verdadera aristocracia del rock’n’roll, protagonizando cinco canciones de hard-rock como cinco soles (incluyendo el poderoso instrumental “El Dorado”) y los desaforados punteos barrocos “Vivaldi in Cookham”, como aperitivo del último corte del álbum. Los títulos son suficientemente explícitos de lo que se traen entre manos: “Recuperemos la ilusión”, “Rebeldes sobre ruedas”, “Primera línea de fuego”… en busca de “El Dorado”, esa quimera de volver a los viejos buenos tiempos, “Cara a cara” con la cruda realidad, “Entre la espada y la cruz”, con guitarras como tiburones que muerden hasta el tuétano. ‘Suenan los tambores, despertará el volcán, no estamos solos en el ojo del huracán’. Amén.

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