Crítica – CHINO BANZAI “Gatos de la ciudad”

por

chinoGénero: Rock

Sello: Rock CD Records

9 / 10

Valentín del Moral, más conocido como Chino Banzai, presenta por fin su elepé de debut en solitario tras dos décadas entre el ostracismo y el underground más absoluto, un disco de revancha con dulce sabor castizo (y un cierto poso aflamencado en algunas perlas) que nos trae a la memoria las mejores esencias que protagonizara junto a Salvador Domínguez, Carlos Vázquez ‘Tibu’, Juan Carlos Redondo ‘Snoopy’ y Larry Martín allá por 1983.

Como si el tiempo no hubiera pasado, “Gatos de la ciudad” nos sumerge en el dulcísimo rock urbano del arrabal, con fraseos de guitarra como cuchillos y letras sociales que se clavan a cargo de un autor que se crió en el crudo barrio del Lucero, cuando Madrid era una urbe en vías de desarrollo, poblada de chabolismo y núcleos marginales (con la heroína haciendo estragos). Una pandemia despiadada que se llevó por delante a toda una generación. Para salir del fango, hacía falta tener muchos arrestos en una época violenta y desoladora (recién salidos de la dictadura,  de la terrible noche negra que duró cuarenta años) pero ilusionante, al fin y al cabo, ante un porvenir en libertad y enormemente fructífera para la cultura y la creatividad, como lo fue el siglo de oro para las letras de nuestro país con el pueblo hecho trizas, en franca descomposición y la leyenda negra (los cuatro siglos de Inquisición, expulsión de las minorías, etc) asomando en el horizonte. Durante los años ochenta del siglo XX se respiró el rock’n’roll en las calles y se disfrutó el milagro cultural de la Movida (y de la Marcha Rockera en paralelo) en contraste de la penosa situación económica que se vivía en los barrios. En ese contexto nació el primer disco de BANZAI, una banda imprescindible para entender el rock español, hilvanada en torno al talento del guitarrista Salvador Domínguez (Miguel Ríos, Los Canarios…), las poéticas letras del sin par Xaime Noguerol y la voz aterciopelada de nuestro protagonista, Valentín del Moral. Himnos como “Amigo”, “Rock duro”, “Coche rápido en la noche”, “Funciona Legal”, “No te enganches” o “Voy a tu ciudad” quedaron para la posteridad, en los anales del ROCK con mayúsculas en la lengua de Cervantes. Cualquiera que entienda un poco esta bendita locura, sabe de lo que hablo.

Veintitrés años después de aquella movida, la banda del CHINO, sin el atributo ‘Banzai’ en portada (nos imaginamos que por razones legales), se marcan el disco del año. Valentín del Moral, muy bien arropado por una banda de auténticos gladiadores del rock’n’roll entre los que se encuentran el contramaestre Miguel Ángel Escámez ‘Cachorro’ (Panzer, Coz, Harakiri, Bellabestia… y un largo etcétera de formaciones en las que ha participado) a la guitarra solista, José María Castañón ‘Casta’ (Peatón Crusoe, Trapa & Turboexits, etc) a la guitarra rítmica, Teo Suazo (Tritón, Geiser, Punto de Mira, Coz, Leyenda Urbana…) a la batería y Miguel Corbacho ‘Micky’ (Peatón Crusoe, Trapa…) al bajo, un combo de estajanovistas curtidos en mil batallas como se puede apreciar, los cuatro mosqueteros cardinales del Chino del Lucero.

Con canciones como puños, dignas de mejor causa, se desliza por la autovía del extrarradio, proyectando el acerado látigo de la gran ciudad. ROCK DURO por derecho propio. Empezando por “El golpeador”, castigador urbano que no tira la toalla de sus ideales, profeta de la rebelión. “Creció en la calle, de ella aprendió…”. A continuación, “Lucharemos” toda una declaración de intenciones: ‘el rock’n’roll que hacemos nunca morirá’, observando las “Sombras” de la depresión, el lado oscuro de la insolidaridad. “Sé que algunas veces estás un poco triste, cuando ves en el mundo tanta desolación, demasiados soldados para un hombre libre…” Asoman entonces los “Gatos” de la ciudad, una puñalada estratosférica por su poesía: “La flor de luna es una canción, y el mar, el lobo, un luchador”, rock felino cosido a las venas de la áspera y gris metrópoli, no en vano a los madrileños nos llaman gatos. “El color de la verdad”, pese a quien pese. “Ahora tengo que decirte la verdad, que era negro el color de la maldad” y que era verde el color de la paz, como cantaban los Asfalto. Tras la tormenta llega una cierta calma, con la semi-balada “Balas de hierro”, una tonada anti-militarista de cinco estrellas que parece compuesta para los mismísimos Medina Azahara, “Balas de hierro para lograr la paz, tierra quemada donde nada crecerá…” o la autobiográfica “Chino Banzai” donde cuenta los avatares de su complicada existencia: “Todos me dejaron, nadie se acordó de mi…”. “Seguiré a pesar de todo, trabajando, exprimiendo mi imaginación. Contaré las cosas que nos están pasando, muchas noches, volcando mi alma en un papel, seguiré cantando hasta que no pueda más…”.

Los billares como punto de encuentro dieron paso a los locales de ensayo, “No le pares”, ‘él va haciendo su canción, es el rock’n’roll’. “Vamos corre” toda una invitación a dar la batalla y plantar cara al sistema. Juntos podemos. Hay que derribar la presa de las seis gargantas que han plantado los grandes emporios mediáticos para que no fluya la buena música. Demoler el dique del trabajo precario, de la miseria rampante, de la incultura y la sociedad dual (ricos y pobres) a la que nos quieren abocar con los recortes del raquítico estado social. Para finalizar, un nuevo trallazo poético “Luna rota”: “En tus labios me perdí… luces y estrellas, me envolvió la oscuridad”, compases que encienden la pasión. Solo echamos en falta en el disco “DC10”, otra composición estelar que se ha quedado en el tintero, un vuelo hacia el más allá en pos de la dignidad perdida. Qué gusto da escuchar un disco con tanta veracidad y lírica a raudales. En un tiempo donde el postureo más estéril y la fatua vanidad se ha apoderado de la escena ‘indie’, todavía quedan viejos rockeros dispuestos a cantar las verdades del barquero. Afuera está lloviendo. Asoman los bardos urbanos como el CHINO ‘Banzai’ como fieros kamikaces con sus canciones tristes, su perdición. Chapeau. Bravo por su valentía y lucidez, por esa mirada luminosa, por la generosidad que siempre demuestra y su preocupación por los restantes, como cantaban los Leño. Si tienes entre las cejas, libertad, no te pierdas, tira pa’ lante.

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