Biocrítica – MÄGO DE OZ “Celtic Land”

por

mago

Género: Rock
Sello: DRO/ Warner
9/10

Para conmemorar el veinticinco aniversario de su existencia, la banda de Txus de Fellatio se embarca en un doble elepé conmemorativo de tan insigne onomástica, con sus clásicos versionados en la lengua de Shakespeare (con la flor y nata del metal internacional) en un sorprendente primer CD y un repaso por lo más granado de su trayectoria (Versión 2.0, con muchos invitados de lujo) en el idioma de Cervantes en el segundo plástico.

Lo primero que sorprende es escuchar clásicos de la talla de “Fiesta Pagana” o “Diabulus in Música” traducidos al idioma de los hijos de la Gran Bretaña. Mucho más si estas canciones vienen acompañadas por voces de lujo como el alemán Ralph Scheppers (Primal Fear) en “The Black Book” (El libro de las sombras), el inglés Darren Warthon (Thin Lizzy, Dare) en “I believe”, exprimiendo la preciosa balada “Creo” contenida originalmente en la obra maestra del grupo, “Gaia II: La Voz dormida”, al igual que la sin par composición, “Diabulus in Música”, protagonizada por el finés Jape Von Crow (To Die For). Completan la nómina, los norteamericanos Paul Shortino (Quiet Riot, King Kobra) como ronco príncipe de las tinieblas, “Satanael”, Eric Martin (Mr.Big) marcándose una pálida “Xanandra”, Danny Vaughn (Tyketto) en “Love never dies (tell me)”, traducción figurada de “Hechizos, pócimas y brujería”, como dirían los Ramones: ‘alguien puso algo en mi bebida’… más el sueco Goran Edman (Yngwie Malmsteen, John Norum) en “Find your love” (“Sácale brillo a un pena”), y por último, otro protagonista escandinavo Jonne (Koorpiklaani) en la tonada que da título al doble álbum, versión de la  reciente “H2Oz”. Con un postrero “Hymn” de Ultravox (“Mañana empieza hoy”) a pleno pulmón de Zeta, el novedoso y competente vocalista de una banda consagrada, que se rodea en esta ocasión por equipo sensacional, unos fichajes de verdadera liga de campeones, para dejar boquiabierto al personal. Nos imaginamos que el disco habrá costado una pasta en regalías y otros conceptos…

Lo de las versiones en castellano es harina de otro costal, como diría el caballero de la triste figura. Catorce perlas en castellano, empezando por “Fiesta pagana 2.0”, con un amplio elenco de estrellas patrias: Leo Jiménez (037), Víctor García (Warcry), Tete Novoa (Saratoga), Fortu (Obús), Carlos Escobedo (Sober), Tony Solo (Sangre Azul), Rulo (ex La Fuga), más lo guitarristas Jerónimo Ramiro (Santelmo), Alberto Marín (Hamlet), Manuel Seoane (Burning Kingdom) y amplísima nómina de segundas voces en los coros: Tony Menguiano (Neomenia), Pacho Brea (Ankhara), Javi Endara (Wild), Nacho Ruiz (Santelmo) y un larguísimo etcétera, casi una enciclopedia entera del rock estatal. Se nota que los Mago de Oz tienen amigos y conocidos en el panorama musical, con los que han compartido tablas a lo largo de las últimas dos décadas. Siguiendo con “Acércate y bésame”, sorprendente versión de los melódicos poperos “La Trampa”. “El líder” (una canción muy cañera contra los abusos del poder, rescatada del “Epílogo”) y “La costa del silencio” continúan el trasiego hasta llegar a las voces solistas, un corral de tonos altisonantes: “Hazme un sitio entre tu piel” con Víctor García, “Desde mi cielo” con Leo Jiménez mostrando músculo, “La voz dormida” con Tete Novoa y “La Luna en ti” (Burdel King) conducida por Zeta, antes de abordar el último tramo: “Sácale brillo a una pena” con Tony de Sangre Azul, y “Siempre” con la sinuosa, sensual y lírica Patricia Tapia, más “El poema de la lluvia triste” con nuestra dama en la intro y Christian Bertoncelli al timón (el cantante argentino que hizo un “Imperio”, de trayectoria desconocida para la mayoría), más las postreras “Sigue la luz” con Carlos Escobedo de Sober (una pieza muy puntera, una especie de segundo homenaje al fallecido productor Big Simon, tras la emblemática “Y serás canción”) seguido de los versos musicados, “Por que no bailamos?” (Skunk D.F), con su vocalista Germán González al frente y un broche orquestal, “Desde mi cielo” en las voces de Zeta y Leo Jiménez. Tremendo grandes éxitos, para hacer palidecer al más pintado, con una reflexión añadida, bravo por la inteligencia de Txus y compañía que han sabido de paso, imprimirle una segunda vida a su álbum de resurrección: “Hechizos, pócimas y brujería”(2012) (rescatando siete de sus principales tonadas, para que tengan nuevos bríos en otras voces) un buen plástico editado hace un par de años y que pasó bastante desapercibido entre las brumas de la desolación que invade una industria musical cada día más devastada.

Ahora que la maldita crisis aprieta como nunca, Mago de Oz han encontrado la excusa perfecta con este álbum para darse un garbeo por la vieja Europa que cotiza al alta en el euro (Centroeuropa y Escandinavia), escapando del dogal que nos aprieta a todos los ciudadanos en la periferia mediterránea (cuya suerte parece sellada por la corrupción y el nepotismo: nos referimos al trágico destino compartido por griegos, italianos, españoles y portugueses, antaño cuna de la civilización y faro de occidente) y dejar bien alto el estandarte del metal autóctono. Que en estas lides partimos con la ventaja (la hechura de la exportación crece como la espuma, total, no hay otra cosa, darse aire y salir por piernas antes que la miseria muerda nuestro pies) iluminada por aquellos locos bajitos que se batían en cobre con las suecas en Benidorm, en los albores del desarrollismo en esta infausta tierra, de charanga y pandereta, condenada de por vida a entretener los turistas de turno, primera industria del país. Los veteranos Ñu, ilustres pioneros en esto del folk-rock-celta lo contaban con más gracia en “Imperio de paletos”(1992) en el año del Quinto Centenario, las Olimpiadas de Barcelona y la Expo de Sevilla. Ya ha llovido desde entonces… Con el CD2 en la mano, sacar pecho y pegarse una vuelta por Latinoamérica (donde nuestros protagonistas son recibidos en loor de multitudes) testigos allí de un panorama verdaderamente heavy… en países emergentes como México, Venezuela, Argentina, que se entregan a la causa como pasionales descamisados a una sola voz.

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