Crónica del concierto de PIXIES en La Riviera

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Las expectativas eran grandes. Y mucho. Treintañeros avanzados con calvas incipientes y tripita cervecera volvían a lucir sus vaqueros rotos, camisas de cuadros y camisetas de grupos para regresar a su adolescencia noventera por una noche. Esa época en la que MTV ponía música y encima de la buena, y se hablaba de Pixies, de Nirvana, de Pearl Jam, de la Generación X… Esa época que a tantas otras ha pasado y pasará, no se supo valorar hasta que ya quedó atrás transformada en recuerdo. Hablar de Pixies es hablar de la chispa que encendió el fuego de aquellos años.

De una influencia absoluta para todas las agrupaciones de entonces y para muchas de ahora De un grupo icónico. “De culto”. Tras 9 años sin publicar material nuevo, de reuniones y “desreuniones”, idas y venidas varias y la marcha de Kim; la banda liderada por Black Francis cuelga el cartel de sold-out en Madrid dos días consecutivos, con un reciente nuevo EP bajo el brazo. Lamentablemente, Pixies no fueron conscientes de las expectativas creadas y no estuvieron a la altura de éstas, ofreciendo sobre el escenario algo más próximo a un ensayo que a un concierto.

Black Francis, concentrado y con los ojos cerrados no se dirigió al público en toda la noche, y se limitó a reproducir un buen puñado de sus canciones una tras otra, vomitadas, sin presentaciones, y prácticamente sin pausa entre ellas, como si de un disco se tratase. Solo algo más de vitalidad y ganas le echó Kim Shattuck al bajo, la nueva incorporación que encaja a la perfección en la banda. De esta forma, la música la pusieron los cuatro de Boston, que a nivel interpretativo demostraron estar en plena forma; pero el sentimiento y las ganas lo aportaron los asistentes, que venían decididos a entregarse, saltar, corear e incluso rememorar algún pogo de la época.

De esta forma el público renunció a dejarse enfriar por una banda desconectada y ajena. Los temas del nuevo EP sonaron a gloria pura y con gran frescura, pero visiblemente los más coreados y mejor recibidos fueron los clásicos de su época dorada. Tras escupir el hit por excelencia “Where is my mind”, y unos cortos bises, el cuarteto desapareció casi sin despedirse tras el escenario en cuestión de segundos dejando contento pero algo frío a un público con ganas de más. ¿Dónde se quedaron himnos como Debaser, Monkey Gone To Heaven, Rock Music? ¿En el setlist del día posterior, tal vez?

A pesar de todo, ver a un grupo de esta categoría y calidad, en plena forma, tocar en una gira tan interesante donde los setlists cambian a diario y se interpretan canciones nuevas es sin duda una gran experiencia. Y más aún si como en este caso, el evento tiene lugar en una sala de un tamaño medio cuando podrían haber llenado el Palacio de Vistalegre sin problemas. Ojalá esta gira deje de oler a “otra reunión más” y Pixies recuperen su lugar, volviendo a la vida con nuevo disco y mayor actividad. Sólo el tiempo lo desvelará.

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