DEVENDRA BANHART, de héroe del neofolk a latin lover (crónica de su concierto en el Price)

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Nada o muy poco queda de aquel barbudo y greñudo neohippie que se presentó en sociedad hace ya más de diez años, sorprendiendo por sus finísimas hechuras de neofolk y su extraña delicadeza vocal. Ayer, en el Price compareció un tipo de corte casi metrosexual, pero igualmente exquisito en sus interpretaciones.

Tras la sesión telonera de uno de sus guitarristas, Rodrigo Amarante (muy aplaudido), y mientras parte del público aún tomaba una cerveza de descanso en los patios deldevendra-banhart-2013-600x400 Price, apareció Banhart para empezar con «Golden Girls» entre el griterío femenino. El buen sonido y la carismática presencia del artista tejano rubricaron un estupendo arranque, continuado con «Baby» y la espléndida «Mi negrita», un single de su nuevo disco «Mala» que conquista por su fragilidad y particular gancho.

Con el público disfrutando de lo lindo llegó «Bad Girl», que quien sabe si ahora le recuerda a Natalie Portman, con la que tuvo un sonado affaire. Precisamente aquella incursión en la farándula es lo que quiza haga que se le vea en otra rama del indie, algo rosa, donde la frivolidad cabe sin problema. A otros cantautores indies de su palo no se les oye recibir gritos de «guapo», y no es porque sean menos favorecidos. Banhart ha jugado sus cartas de otra manera, y por eso no era (tan) extraño escuchar chillidos de «¡Tío bueno!» , con los que era piropeado cual BackStreet Boy.

No digamos ya cuando Banhart se decidio a hablar en español, con ese acento entre venezolano y argentino, (vivió una temporada en Venezuela país de origen de su madre) que, directamente, a ellas la mata. Al hablar con ese acento eductor la cosa ya pasó a «¡Quiero un hijo tuyo!», «¡Te amo!»… Y así hasta frases de comprometida reproducción. Él seguía a lo suyo con mucho arte, y tras rendir tributo a Amarantes -el telonero, que entonces ya estaba junto a él en el escenario- dándole las gracias y asegurando que «es el mejor escritor que conozco», llegó el mejor momento de la noche a nivel instrumental, con una «Seahorse» abrumadora con la que la banda cabalgó entre aguas jazzístico-progresivas deslpegando una ejecución soberbia.

«Never seen such good things» precedió al otro gran momento, pero éste de corte más erótico-festivo. Banhart se descolgó su guitarra, y nada más empezar a cantar las notas de «Lover» un grupo de chicas se levantó para acercarse al límite de las gradas, intentando tocar al chico de sus sueños con la punta de los dedos. «Hatchet Wound» fue de lo más flojita y relajó los ánimos, pero Banhart se quedó entonces solo en el escenario para regalar una intimísima interpretación de «Brindo» que volvió a derretir al respetable.

El cantante entonces tuvo un error de cálculo: pidió al público que eligiera el siguiente tema, y éste lo tuvo claro: «Santa Maria da Feira». Pero él sólo pudo entonar dos versos, reconociendo no acordarse de la letra porque «nunca la toco». ¿Y cómo puede renunciar un músico a una de sus piezas más encantadoras? «Quédate Luna» fue un buen sustituto, y tras el bestial clamor pidiendo bises, Banhart volvió con su banda con «Carmensita», un hit folk de lo más festivo que fue ideal para poner patas arriba el cierre de los Veranos de la Villa en el Price.

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