ELVIS COSTELLO, grande pero no enorme (crónica del concierto en el Price)

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Había mucha expectación por ver de nuevo al esquivo Elvis Costello, y por eso el Price registró un lleno técnico, con la pista abierta para que el público bailase sus tonadas. Supuestamente, Porque no hubo más de un par de menos de caderas, dando una imagen bastante decepcionante para lo que algunos esperábamos de la velada.
Mr. MacManus salió mascando su chicle impaciente, enérgico, con mucha fuerza y actitud, pero ¿qué demonios pasaba con el sonido? Su banda, The Imposters, parecía algo apagada, y la voz de su líder sufría de intermitencias en el volumen. Inexplicable en el Price. Y cuando la cosa no suena bien, el público suele acabar perdiendo su garbo inicial. Ante lo flojo del ambiente, Costello se trabajó el show pidiendo palmas, lanzando esos chillidos suyos de arrebato rockero, y logrando que con «Everyday i write the book» y «Man out of time» pareciese que el recital remontaba. Pero se quedó a la mitad de la escalada hacia la cima.

El cantante y guitarrista paró un momento el concierto para ponerse serio en una dedicatoria que hizo con la canción «Stations of the Cross»: «He estado viendo esas terribles imágenes del tren accidenteado en Santiago de Compostela. Desde aquí me gustaría mandar todo mi amor a las víctimas, a sus amigos y famliares». Y entonces lanzó un mensaje a los medios de comunicación. «Creo que repetir el vídeo del accidente una y otra vez, a cámara lenta, ya no aporta nada. Y mucho menos va a hacer que nadie se sienta mejor al verlo. No tiene sentido, por favor dejen de emitirlo».

Poco después irrumpió luminoso el reggae de «Watching the detectives», y las emociones se caldearon con el clásico «Shipbuilding», que terminó con un estupendo arrebato vocal muy aplaudido. Sin embargo, a esa altura del espectáculo ya habíamos visto a Costello tener algún desliz con su garganta, y más extraño aún, ponerse fallón con sus pedales de guitarra. Solventó la situación con personalidad, eso sí, bromeando sobre la mala vida que les enseña a sus hijos en los hoteles que van pisando durante la gira, e incluso se bajó a la pista con sus fans para cantar con ellos una versión de «She» de Charles Aznavour. Rodeado por cientos de caras embobadas y móviles que no perdían detalle, Costello recorrió de lado a lado el Price dejándose tocar y agasajar, para después volver al escenario con el bluegrass de «Josephine».

Entonces lanzó una traca final que dejó más equilibrada la balanza: «Walking my baby back home», «Jimmy standing in the rain» (estupendamente finiquitada a capella), la esperadísima «Oliver’s Army», «(I don’t want you to go to) Chelsea», «I want you», «Pump it up» y «(What’s so funny about) Peace, love and understandingump», completando dos horas sin el innecesario paripé de los bises, algo muy de agradecer…

PUBLICADO POR NACHO SERRANO EN ABC

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