Entrevista con THE GROWLERS: “Nuestros discos son nuestros bebés, su salud está por encima de todo”

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The GrowlersEstaban grabando su tercer disco con Dan Auerbach en los controles, cuando decidieron que no molaba y le dieron puerta al ganador de un Grammy. Así como suena. Llegarán lejos…
PUBLICADA POR NACHO SERRANO EN RUTA 66
Procedentes de la escena californiana (ellos son de Costa Mesa) de garaje y psicodelia lo-fi, The Growlers manejan influencias tropicales y blueseras en un caldo de cultivo ácido, onírico y circense que es pura hipnosis, y que se ha bautizado como “beach goth”. Suenan felices y melancólicos, bizarros y dulces a la vez, con una voz libre y profunda llena de elegancia crooner que remata el halo de misterio que rodea a su tres discos, el último de ellos “Hung at Heart”, un trabajo inicialmente producido por el archiconocido miembro de Black Keys (lean, lean). Su vocalista, Brooks Nielsen, nos atiende al teléfono desde algún lugar de la Costa Oeste, cuyas playas han estado cruzando de arriba abajo en un autobus al estilo de los acid-tests de Grateful Dead, hasta que “demasiados freaks se quisieron unir a la juerga” y tuvieron que abandonar el vehículo quién sabe dónde… Por cierto, el sello Ayo Silver! edita en España su single “Gay thoughts” en vinilo de 10”.
– Estáis ante vuestra primera gira europea, ¿sientes que las cosas van mejor que nunca para The Growlers?growlers
Sí, todo empieza a tomar una forma interesante, la verdad. Nos encanta tocar y estar de gira, y vamos notando que cada vez somos mejores sobre el escenario, así que estamos muy emocionados con este viaje. Creo que las cosas han ido como debían, ni demasiado rápido ni demasiado despacio. Primero tuvimos cierto éxito tocando en la escena local, lo cual fue bastante sorprendente para nosotros. Luego empezamos a grabar canciones, a salir de gira, y nos hemos ido acostumbrando a los ritmos.
– Matt Taylor (guitarra) y tú sois algo así como la columna vertebral del grupo, ¿no es así? ¿Cómo os conocisteis?
Sí, se podría decir así, porque lo fundamos y aún ahora escribimos la mayoría del material. Nos conocimos en el instituto, pero por aquel entonces no éramos muy amigos ni salíamos por ahí juntos. Él estaba metido en el rollo hardcore straight-edge y a mí no me iba mucho, pero después del instituto volvimos a coincidir y conectamos enseguida. Un día quedamos en un local, se puso a tocar la guitarra, comencé a cantar, y surgió cierta magia que nos hizo buscar otros músicos para formar una banda.
– ¿Cómo fue vuestro primer ensayo con el resto de músicos? ¿Hubo pautas o sólo jam?
No, ninguna pauta. Al principio hubo mucha improvisación sin metas marcadas. De hecho nos llevó un tiempo darnos cuenta de que éramos una banda. Cuando ya habíamos hecho una gira y grabado algo juntos, fue como “oye tíos, fijaos, parece que ya tenemos un grupo” (risas). Entonces decidimos ir a por ello como una forma de ganarnos la vida, con todas las consecuencias.
– ¿Qué es lo que inspira una música tan peculiar como la vuestra?
Fundamentalmente el cambio continuo, avanzar hacia lo improbable, descubrir nueva música a través de nosotros mismos. Por un lado manejamos influencias al estilo de Bob Marley & The Wailers o Toots & The Maytals, y por otro aparecen 13th Floor Elevators, Grateful Dead, el country y el folk psicodélico.

– ¿Hasta qué punto depende de las técnicas de grabación el sonido final que tienen vuestras canciones?
Siempre grabamos en cinta, y lo que oyes es como suenan The Growlers. Creo que sonaríamos igual independientemente de las técnicas de grabación. En las etapas iniciales de cada canción desechamos todo aquello que sabemos que no vamos a poder reproducir en directo. Nos gusta mucho simplificar, por eso luego no necesitamos grabar muchas tomas.
– Espero que esto no te moleste ni confunda al lector. Tu forma de cantar a veces me recuerda a la de Julian Casablancas (The Strokes).
No los he escuchado mucho, pero sí lo suficiente como para estar de acuerdo contigo. Los dos tenemos esa forma de modular la voz, como perezosa, casi arrastrada.
– Vuestros dos primeros discos salieron muy rápido uno detrás del otro, pero el tercero ha tardado casi tres años. Sé que tras varios retrasos, finalmente no os convenció la producción de Dan Auerbach.
Sí. ¿Sabes? La gente de la industria musical no suele respetar mucho las decisiones de los artistas, y muchos no entendían cómo pudimos decirle a Dan que no nos gustaba el trabajo que estaba haciendo con nuestro disco. Y mucho menos que decidiéramos pedirle que lo dejara. Estaba sobrecocinando los temas, y decidimos prescindir de él y volver al punto de partida. Algunos nos decían “chicos, los fans de The Growlers no quieren esperar tanto”, pero para mí un disco es algo muy importante en lo que vuelco mucha energía, y si no me gusta la dirección que está tomando no me voy a cortar en decírselo a quien sea. Mis discos son mis bebés, su salud está por encima de todo.
– ¿Se lo tomó bien? Dan, digo…
Sí, seguimos siendo muy amigos. Estuvo muy bien mientras duró, pasamos buenos ratos en un estudio alucinante, y el tío es estupendo.
– Hay canciones vuestras que son pura drogaína, ¿algunas proceden de momentos “alterados”?
Sí, claro. Es una forma rápida de conocer otras realidades. La verdad es que los chicos de The Growlers ya somos un poco raros de por sí (risas), pero sí, nos gustan las drogas psicodélicas. Nunca me he arrepentido de divertirme con mis amigos, o de tocar, o de grabar estando de ácido. De hecho me lo he pasado genial. No es bueno para cualquiera, pero a otros puede ayudarnos a alcanzar otros niveles de inspiración.

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