Diamante para la eternidad (crónica del concierto de U.F.O. en Madrid, 8 marzo de 2013)

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Regresaron Phil Mogg, Paul Raymond, Andy Parker y compañía tras cuatro años de ausencia de nuestros escenarios, para ofrecernos otro concierto diamantino, una verdadera cátedra de oficio y buen gusto musical perfumado con las mejores esencias rockeras que puedan ustedes imaginar.

Capitaneados por un astral Vinnie Moore en las seis cuerdas, y con el nuevo bajista Rob de Luca haciendo las labores del ‘lunático’ Pete Way, UFO volvieron a demostrar el porqué de su leyenda, elaborando rock’n’roll de otro tiempo, con una voz tan dulce, la de nuestro adorado Phil Mogg, que parecía cultivada en whisky de barrica, aderezada con certeras frases de guitarra y punteos astrales, sin duda, una delicatessen solo apta para los paladares sonoros más exquisitos. Ya lo dice el sabio refrán: ‘no está hecha la miel para la boca del cerdo’ y en el caso que nos ocupa la sentencia es más sabia y rotunda que nunca.

UFO son la antítesis de la caótica escena actual: un muladar de atomización y clones miserables, mucho ruido y pocas nueces en medio del más negro panorama de poco pan y pésimo circo (como anticiparon ya nuestros ilustres y admirados Def Con Dos), ahogados como estamos por la corrupción y el mal gobierno. Afortunadamente las melodías de la banda británica, nos transportan a épocas no tan lejanas donde brillaba la buena música y los ideales de un mundo mejor no habían sido cercenados por los mercaderes de la mediocridad y los próceres de la liquidación colectiva.

El que alguna duda albergue sobre este particular puede hacer la prueba del algodón y comparar la calidad musical de los Justin Bieber, Bisbales o Ladys (GAGAS totales) de turno, por citar tres comparaciones indeseables, con cualquier elepé de nuestros protagonistas, no digamos ya si la prueba se realiza con Pink Floyd, Queen o cualquier otra eminencia de antaño. No es que cualquier tiempo pasado sea mejor, es que la realidad musical actual (en cuanto a consumo de masas) es verdaderamente sangrante y vergonzosa. Pestilente, diría yo.

Dicho esto, cabe destacar el limpio fluir del manantial de melodías en el día señalado. La excelente conducción y el sobrado virtuosismo de un Vinnie Moore completamente acoplado al grupo (un guitarrista que tiene poco que envidiar al autor original Michael Schenker). Vinnie aporta savia nueva y vitalidad a un combo necesitado de vitaminas para afrontar el negro futuro que nos espera. Con la sala a medio aforo, para contemplar tamaña exhibición de sensibilidad musical, desde las primeras tonadas, “Lights out” y “Mother Mary”, los increíbles fraseos de este príncipe de las armonías nos llevaron en volandas. Muy interesantes también las canciones de su reciente álbum “Seven Deathly”(2012).

Nos gustaron especialmente las afinadas “Wonderland” y la flamígera “Burn your house down”, y dejaron un buen sabor de boca piezas como “Fight Night” o “Mojo Town”. Otra pieza destacada fue “Helldriver” (perteneciente a su anterior plástico “The Visitor”(09), acompañada por las deliciosas “Cherry”, “Let it roll”, “Only you can rock me” o “Too hot to handle”, clásicos inolvidables que hicieron vibrar al respetable. Mención especial para “Venus” y “Love to love” con esos interludios al más puro estilo Mozart dibujados en el teclado hipnótico de Paul Raymond. Si hubiera que señalar un diamante para la eternidad (que valió por la velada entera), ese fue sin duda, un “Rock Botton” desmesurado y deslumbrante (con guiños a la sintonía del agente secreto por excelencia, 007, en su parte más psicodélica y arrebatadora).

Pulcra digitación  y las mejores esencias guitarreras en una función con notable calidad de sonido, un verdadero aquelarre rocanrolero que echó el telón entonando el himno por antonomasia “Doctor Doctor”, más la postrera “Shoot Shoot” (un disparo al corazón) que puso la guinda a una noche para recordar largo tiempo, donde estos catedráticos del ROCK con mayúsculas, impartieron sus doctos fraseos como consagrados oficiantes de esa bendita locura que nos tiene cautivos. Testigos curtidos del oficio y sabiduría acumulados a lo largo de cuatro intensas décadas de rock’n’roll.

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