ZENET: “La suerte es un factor decisivo en la ecuación del éxito. Si en algún momento de tu vida es igual a cero, no consigues nada”

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Este viernes 1 de marzo, esa batidora de jazz, blues, tango, swing, copla, bossa y fado llamada Zenet presentará por todo lo alto su tercer disco, “La Menor Explicación” en el Teatro Fernán Gómez (Pza. Colón, 22 euros, 20:30), dentro del ciclo “Madrid Presenta”. Quedamos con él para charlar acerca de esa atractiva cita en el Café Central, “un lugar mítico en el que he podido actuar varias veces, después de haber sido un fiel cliente. Aquí he visto a grandes maestros como McGill, Colina, Chano Domínguez, Pepe Rivero, Jimmy Castro…” cuenta el artista.

Antonio Zenet ha vivido más de veinte años en la capital, lo cual supera con creces el tiempo que viví en mi tierra, Málaga. He vivido muchos Madrid diferentes. Cuando llegué era el de la Movida, el de Radio Futura, las Vulpes, Glutamato… pero también de Barricada y Rosendo. He saboreado Malasaña, Carabanchel, La Latina, Chueca cuando todavía era un sitio peligroso…”. Llegó para buscarse la vida como actor, “y pude trabajar con Juan Antonio Bardem en “El joven Picasso”, que me abrió muchas puertas”, relata este hombre polifacético que, poco después, “por los altibajos de la vida del actor”, terminó convirtiéndose en el crooner más singular de la ciudad.

Sin duda, Zenet es un artista muy original, en el más estricto sentido de la palabra. Ha fusionado estilos llevando el resultante a su terreno, y siempre con un gran talento interpretativo. “A mí me dijeron una vez que había ciertos géneros que no se podían hacer en español”, asegura. “El inglés tiene una flexibilidad que lo hace muy musical, sí, vale, pero el español, siempre que no mujas cacofonías ni pongas una “Z” al lado de una “R”, también puede serlo”. Esa habilidad para derribar muros imaginarios le ha caracterizado como alguien que ha “ocupado un espacio vacío en la música española”, como él mismo señala, y que ha abierto la puerta a nuevos artistas, lo que le otorga cierto aire de clásico en ciernes. “Se habla del sonido zenetiano, y eso es una gran satisfacción para mí. Clásico, según el diccionario, es un modelo digno de ser imitado. Si consigo algo parecido, estaré orgulloso. Pero me conformo con tener curro el año que viene”.

Otra vez, muy buenas críticas para “La Menor Explicación”, ¿te las tomas en serio o mantienes distancia?

Yo sólo me creo que una película es horrible si leo al menos tres críticas y todas son devastadoras. Lo mismo con un buen disco, y bueno, ha habido buenos comentarios. Pero mantengo distancia, siempre. Hay un diálogo conmigo mismo que siempre está ahí. Mi baremo de si algo es bueno o no, es la piel. Si se me pone de gallina cuando estoy tocando con mi grupo, en uno de esos momentos que suena una nota mágica y todos nos miramos, es que es bueno. Cuando ocurre esa magia empiezo a estar contento con una canción. Si vemos que llevamos un rato dándole vueltas y la cosa no sale así, volvemos al punto cero y reiniciamos con otra armonía diferente. Esa honestidad con uno mismo, para mí es fundamental.

Este es tu tercer disco. Según vas teniendo más experiencia, ¿esa magia surge con más facilidad?

Hemos desarrollado una metodología, que vamos depurando, para conseguir acercarnos a esa magia. Javier Laguna, el escritor, había hecho muchas cosas antes, incluyendo una balada con nuestro anterior proyecto, Sur S. A., que se llamaba “Infinito más tres”. Han pasado 15 años desde ese momento, y tenemos ciertas claves cada vez más pulidas. Por ejemplo, en mi último disco hay varias canciones que tienen un aroma francés, y no es casualidad, es porque queríamos ir por ahí. No sabemos cuál será el resultado, pero vamos buscando entre la paleta de armonías hasta que ese sonido emerge, y cuando emerge con magia, hemos cumplido la misión, por decirlo de alguna manera. Todo eso suele ocurrir ya en el estudio. Siempre hago los arreglos en el estudio, hace que el proceso de grabación sea más interesante.

¿Y eso no lo alarga demasiado?

Dos semanas por grabación, máximo. La frescura es fundamental, y teniendo muy claro lo que quieres, sabes perfectamente cuándo estás desbarrando. Luego está el tema de los invitados, que hay que organizarlo muy bien, porque llegan para grabar su parte en un par de horas. Pero con gente como Antonio Serrano a la armónica y Manuel Machado a la trompeta, todo es intuición pura. Les dices por dónde quieres ir, tocas una primera aproximación de la que extraes unas pautas y un leit-motiv, y a la segunda ya lo han entendido perfectamente.

Entre el primer disco, que era un poco Zenet “en bruto”, y “La menor explicación”, hay mucha evolución en cuanto a claridad de ideas.

Sí, el primero era más un diamante por pulir, también por las condiciones en las que se grabó, que eran muy diferentes. Yo venía de una etapa de gran desencanto con el mundo de la música, había hecho un parón… Antonio Ibáñez de la editorial Warner Chapel me comentó que Laguna tenía material con mucha “manteca”, como él decía. Me gasté el dinero que tenía ahorrado en el proyecto. Cada canción era de su padre y de su madre, los estilos estaban más dispersos, y en el segundo, “Todas las calles”, se materializó lo que habíamos apuntado en el primero: esa intención evocadora, de cerrar los ojos y transportarte a través de la música.

“Lo que me resulta interesante como cantante es contar las canciones, casi más que cantarlas”

Después de aquel desencanto, ¿sientes ahora que se ha hecho justicia contigo?

La ecuación es muy larga, tiene muchísimos factores, y uno de ellos es la suerte. Si en algún momento de tu vida ese factor es igual a cero, puedes tener otros factores que funcionan, como gente que te apoya o buenas ideas, pero nunca ocurrirá nada.

Entonces, como Zenet sí has tenido ese factor a tu favor.

Puede ser, puede ser que haya sido por eso, que esa “X” ahora sí me haya favorecido un poquito más. Te todas formas, creo que hemos ocupado un espacio en la música española que estaba vacío, y eso también pesa. Todavía queda mucha gente por conocernos, ten en cuenta que no estamos en una multinacional que te pueda colocar en todas las teles. El boca a boca sigue ayudándonos mucho.

Siempre me ha parecido que tu música tiene el blues, esa melancolía, esa tristeza, que no sabes por qué pero te reconforta.

Sí, sí… Totalmente. Forma parte de lo que busco como intérprete. El tango también tiene tristeza, pero es menos reconfortante, es más desgarradora. Pero los dos, como el fado o el flamenco, tienen el poder de ser muy evocadores. En lo que a mí respecta, lo que me resulta interesante como cantante es contar las canciones, casi más que cantarlas. Me gusta muchísimo, he improvisado mucho blues. Soy un fan total del género, pero me gusta sobre todo el blues original.

El algodonero.

Sí, ese es el que me fascina, el que suena a guitarra de palo, con las voces como si el cantante tuviera la nariz tapada (se la tapa y comienza a canturrear con voz nasal).

¿Dirías que este disco cierra una etapa?

Puede ser, puede ser, cierra una etapa al menos en unas cuantas cosas. Nos queda mucho camino por recorrer y nos gusta investigar con todo tipo de música e inspiraciones, pero “La menor explicación” cierra una etapa en cuanto a de dónde viene la inspiración, en cuanto a la evocación de géneros, porque yo no hago géneros puros, los evoco.

“Mi letrista, Javier Laguna, es como Rimbaud, Baudelaire, uno de estos locos que vivían cada poema como si fuera el último”

Y cuando escuchas tus anteriores discos, ¿qué piensas?

No suelo hacerlo porque me canso mucho de mí mismo, pero a veces alguien me comenta algo y me pica la curiosidad. Hace un tiempo escuché mi segundo disco, que llevaba sin oír un año, y la verdad es que me parece un buen trabajo. Tiene coherencia, continuidad, dice lo que quiere decir, no se dispersa, y tiene mucha limpieza. Aunque haya gente a la que le parezca el más frío de los tres, también hay quien dice que es el mejor. Para gustos colores. Lo grabamos de una forma muy natural, con el pulso humano, sin claqueta, con los músicos juntos, sin guion. A lo mejor uno se equivocaba en una toma, el otro en la siguiente, pero no pasamos de las cuatro tomas en ningún tema. Fuimos apuntando los detalles poco a poco para no volver a equivocarnos, y fue un proceso muy bonito. Por eso mereció la pena registrarlo en DVD. Me gustó la idea de mostrar cómo trabajábamos.

Has mencionado un cambio en cuanto a las fuentes de inspiración, de cara a tu próximo trabajo.

Sí, pero no será un cambio radical, será más bien un enriquecimiento de esas fuentes, quizá con nuevos músicos, un fadista de Lisboa, un palestino, un turco, un músico senegalés, quién sabe. Buscaremos nuevos aires bajo el lenguaje del jazz, que es el aglutinador sobre el que vamos echando pigmentos. Eso siempre se mantendrá así.

Para terminar, ¿cómo es Javier Laguna, el autor de la mayoría de tus letras? Maneja muy bien una dualidad de temáticas que aprecio en casi todas ellas: por un lado, todo eso que sabemos que tenemos que hacer pero nos da miedo, y por otro, el liberarse de complejos y saltar al vacío.

Es un experto puliendo las letras, sabe escuchar lo que le pido cuanto una canción necesita algún cambio que venga desde el lado musical. Y esa dualidad yo creo que viene de su manera de entender la vida. Es un tío muy como los románticos antiguos, como diría Aleixandre: “vive a un paso del amor y de la muerte”.

Uno de esos que piensan demasiado.

Sí, eso puede llevarle a la ansiedad. A veces llega a un punto de verdadera ansiedad, de pasarlo mal, mientras está escribiendo. Te lo puedes encontrar solo en una cafetería, escribiendo en una servilleta, con una mano en la cabeza y el gesto de sufrimiento en su rostro, plasmando sus pensamientos, que se convierten en nuestros personajes. Es como Rimbaud, Baudelaire, uno de estos locos que vivían cada poema como si fuera el último.

AMPLIACIÓN DE LA ENTREVISTA PUBLICADA EN ABC

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