Crónica del concierto de BURNING en la sala Penélope (Madrid, 16 febrero)

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A punto de editar lo que será su próximo álbum “Déjalo que sangre”, la veterana banda madrileña aterrizó en Penélope, una de sus salas fetiche de los últimos años, protagonizando un recital que no pasará a la historia pero que dejó una dulce sensación entre la peña que abarrotó el local. Es solo Rock’n’roll, pero nos gusta.

Cuadro intensas décadas a sus espaldas dan fe de la prodigiosa carrera de los Stones patrios. Ilustres cadáveres, bien parecidos, y un cofre de vivencias y composiciones estelares, pavimentan una trayectoria sin par. Nómina amplia de músicos profesionales que pasaron por el combo y otros celebérrimos, que se quedaron el la cuneta. Burning, son un pleno al quince: con esas canciones y contramaestres tan solventes como Carlos Guardado (bajo), Eduardo Pinilla (guitarra) o Kacho Casal (batería) el éxito está asegurado.

Quizás en la noche de autos hicieran una función algo más floja de lo que acostumbran (sobre todo en el ecuador del evento) o más romántica (como me comentaba un colega al finalizar el bolo), quizás no fueran quince aciertos, sino trece, como el año en curso, lo cierto es que estos chicos de La Elipa cuajaron un concierto bastante animado (sobre todo en su tramo final, donde se descolgaron con los clásicos) y que dejó satisfecho a la numerosa concurrencia que se dio cita en Penélope.

El aquelarre comenzó al son de “No pares de gritar” (dame más, añadimos a coro), “Tú te lo llevas todo”, “Rock mama” y “De vicio”. Para cuando hizo su aparición “Jack Gasolina”, el público ya estaba encendido y a la expectativa. “Tú, ruina total” echó más leña al fuego, antes que piezas nuevas como “La bestia azul” serenaran los ánimos. En ese momento, guiños cómplices a la Movida, “¿Qué hace una chica como tú en un sitio como este?”, y otra pieza novedosa: “Corre conmigo”, antes de echar definitivamente la vista atrás, en el retrovisor “Madrid” y la deliciosa “Extraño en la ciudad”, interpretada con pulso magistral por la banda, con Johnny Cifuentes en estado de gracia.

“No es extraño que tú estés loca por mi” inauguró el tramo final, agitado, festivo y en volandas, donde dieron rienda suelta a las perlas más brillantes de su colección: “Como un huracán”, “Muévete en la oscuridad”, “Ginebra seca”, “Esto es un atraco”, “Es especial”… antes de entonar el himno por antonomasia: “Mueve tus caderas”. Satisfacción garantizada.

‘Pitu’ como guitarra rítmica y Miguel Singluff ‘Maikol’, con su saxo susurrante, pusieron el contrapunto necesario de labor callada y agradecida, como la que realiza Busquets en la medular blaugrana, rodeado de estrellas culés. Con el respetable entregado a la causa, y con el octanaje necesario de copas y entusiasmo, abordaron los bises. El ínclito “Jim Dinamita” buscó a su “Nena”, mientras la velada se despedía con los dulces acordes de “Una noche sin ti” y Eric Burdon en la memoria. Recuerdos del blues y del pelo largo, filosofía y estética capilar que mantenemos algunos. Burning, la banda sonora de la libertad y el precio que hay pagar por ella.

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