“BUNBURY, en crudo y al natural”, la historia de 4 noches de rock’n’roll

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Durante los primeros días del mes de Febrero del 2012, Enrique Bunbury (Zaragoza, 1967) daba por finalizada la primera parte de su gira española, no sin antes sucumbir ante la grandeza del Rock and Roll los días 1, 3, 4 y 5 de ese mismo mes en La Riviera, la madrileña sala de conciertos situada en el lecho del río Manzanares. “En crudo y al natural” recoge de primera mano el testimonio gráfico y textual de aquellos cuatro conciertos: desde las entrañas del camerino hasta los focos del escenario pasando por el público en la calle.

El periodista musical Carlos H. Vázquez y Jesualdo Jiménez De Cisneros Quesada plasmaron en texto absolutamente todo lo sucedido en esos días de gloria para que tú puedas ser el protagonista de aquella vivencia excepcional. Por su parte, el prestigioso fotógrafo internacional Juan Pérez-Fajardo tomó las imágenes de esta película hecha exclusivamente para ti. El libro firmado por los 3 autores ha contado con la aprobación del músico Enrique Bunbury, sin intereses económicos.

Lo que nadie te ha mostrado nunca antes, “En crudo y al natural” te lo muestra sin censuras ni maquillaje. Acompáñanos junto con Los Santos Inocentes desde el hotel hasta la prueba de sonido. Respira la tensión –fruto del estado de concentración- del camerino de Bunbury pocos minutos antes de su show. Camina por los laberínticos pasillos del backstage. Escucha los ecos del público detrás del telón. ¡Da el último aliento de ánimo al músico segundos antes de saltar a las tablas!
“En crudo y al natural” se trata de un libro de 150 páginas con un tamaño de 27×31 cm con fotografías a todo color y material exclusivo inédito, tanto gráfico como escrito. Los hechos narrados detallan con precisión cada uno de los instantes vividos junto al staff de producción, músicos, personal de seguridad… y lo más importante, los seguidores, incansables abanderados para los que va dirigido esta joya de coleccionista, exclusiva y de edición limitada a 1000 ejemplares. Además, podrás leer entrevistas exclusivas con Enrique Bunbury, Los Santos Inocentes al completo, su equipo, seguidores… y declaraciones de lujo como las de Andrés Calamaro, Mikel Erentxun, Rulo, Julio de la Rosa, Alfa, Mercedes Ferrer, Alis, Aurora Beltrán, Óscar Jaenada… y un largo etcétera.

Gracias a ti seguirá viva la magia del espectáculo, y es por eso por lo que mereces ser reconocido en el mismo. ¿Sientes curiosidad por saber cómo funciona una producción de ese calibre? ¿Sus historias, vicisitudes y éxitos? “En crudo y al natural” es tu libro. APOYA LA CAMPAÑA A DE CROWDFUNDING AQUÍ Y CONSIGUE TU VOLUMEN.

Carlos H. Vázquez, que ya ha dejado caer su pluma en las páginas de HRB, nos cuenta cómo fue la experiencia:

¿Cómo fue vivir la “parte de atrás” de estos conciertos?

Cuando nos embarcamos en este proyecto podíamos imaginar levemente lo que había tras el escenario. Ya sabes: producción, seguridad, mánagers, técnicos… Gente que hace posible todo el funcionamiento del espectáculo. Pero una vez integrados en el staff comprendimos que lo que imaginábamos se había empequeñecido comparado con lo que teníamos delante de nuestras narices.

¿Y cómo es él, que diría Perales?

Calificar de ‘rockstar’ Enrique [Bunbury] puede ser acertado, pero también erróneo. Está claro que es un animal de escenario que agota las entradas en menos que canta un gallo, pero su calidad humana va más allá de eso. Verlo en el escenario después de haber estado con él ‘de paisano’ resultaba un tanto extraño. ¿Era la misma persona? Sí, lo era, pero es increíble cómo los focos y las tablas pueden vestir mágicamente la impronta de una persona como Enrique. Recuerdo cómo nada más acabar el concierto Enrique salía del recinto en plan ‘Elvis has left the building’ (risas). Es una persona muy concienciada con su labor.

A la hora de trabajar, ¿todo fue como la seda o tuvisteis algún problemilla?

Es muy fácil trabajar con él si las cosas se hacen bien. Me refiero a que nosotros teníamos claro nuestro lugar y cometido. No impusieron normas ni restricciones (salvo respetar los momentos sagrados del camerino media hora antes del show), cada uno sabía lo que tenía que hacer en todo momento sin entorpecer la labor de los demás. Todo el equipo era (y es) una maquinaria precisa que controlaba cada detalle; desde las luces hasta el cátering. Enrique, su banda, staff, técnicos, seguridad… todo es un animal que va con la casa a cuestas. Son unos trabajadores nómadas que viven en hoteles, sleepers… cada día en una ciudad distinta. La gente debería darse cuenta que el Rock no son sólo las lentejuelas y el glamour, sino que también es un oficio muy denostado –por desgracia- por aquellos que no creen en otras formas de trabajo. Nosotros tres nos dividimos las tareas sin problemas. Mientras yo estaba con la banda en la furgoneta de camino a La Riviera, Jesualdo andaba en la prueba de sonido haciendo algunas entrevistas. Juan, por su parte, se encontraba en los camerinos o en el escenario haciendo fotos. Nos coordinamos a la primera.

¿Cómo se gesta y cierra el proyecto?

Cuando surgió la idea del proyecto, Jesualdo y yo nos reunimos con Bunbury en Madrid hace casi un año. Le mostré cómo quería hacerlo y en menos de diez minutos ya habíamos cerrado todo. Me inspiré en esos artículos de seguimiento que se hacían en la Rolling Stone americana en los años 60 y 70, como también en el libro ‘Rolling Thunder: con Bob Dylan en la carretera’ (Sam Shepard). No quería hacer lo típico, sino algo más personal y exclusivo. El objetivo era realizar algo totalmente nuevo, algo que nadie antes hubiera visto en España sobre Rock and Roll.

Respecto al tema fotográfico, ¿hubo alguna premisa en concreto?

Cuando hablé con Juan para ofrecerle el proyecto supe que era la persona indicada. Trabajo mucho con él desde hace algunos años y no hace falta indicarle cómo quieres que sean las fotos, él ya lo sabe sin tener que decirle nada.

¿Qué sensación queda tras el trabajo bien hecho?

Marisa Corral nos dijo el primer día que aquello era una gran familia y que lo íbamos a echar de menos al acabar. No pensaba que en casi una semana eso fuera posible, pero el último día, cuando los pasillos del backstage de La Riviera estaban vacíos, pensé: ‘Joder, ¿dónde coño he estado todo el resto de mi vida?’. Increíble.

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