Un fin de semana en MONKEY WEEK

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El Puerto de Santa María es una maravilla. Es muy fácil sacar esas conclusiones ante la perspectiva de un fin de semana como el Monkey Week, cuando la ciudad se convierte en una especie de Carnaval chico y los bares y tabernas en salas de música. La idea del Monkey week desde 2009 es acercar la escena independiente más auténtica y diversa a promotores y profesionales del mundillo, aunque esta coletilla se queda injusta y especialmente pequeña cuando comprendes que todos los factores que hacen posible poner en marcha algo así, lo que están formando es un mundo de música, esto hay que interiorizarlo a la manera romántica que tenemos de ver las cosas…

De Amor por la música y otros menesteres, como la gastronomía de la que no puedes escapar, (afortunadamente, para encontrar un macdonalds tienes que cruzar el río… ) buenos precios y suficiente alojamiento para los visitantes, de eso trata el Monkey week, de estudiar un poco, ponerte al día de las cientos de propuestas que vas a poder ver, organizar comandos, si vas en buen número y soltarlos por el Puerto para intentar abarcarlo todo, aunque sepas que es imposible.

Todo es tan fácil y agradable, como el Mucho Teatro donde vimos a Lisabö, Za! y Pony Bravo abrir el jueves hasta altas horas, que luego sales y puedes seguir tomando algo, porque la vida en las fronteras es más fácil! Luego sales de ahí y puedes ir a la Plaza de Alfonso X , al aire libre, donde las fans lo fliparon con You Dont Know me o grandes y pequeños con los geniales The Milkyway express, que pusieron la plaza a bailar como ciudadanos de Austin con pedigree…

Puedes ir al jazz club de la ciudad, con unos posters en las paredes con señores también de mucha raza, y entiendes que por aquí gusta la música, y está todo el año encendida, y ahí puedes ver a Maga en un techo bajo abovedado que perfectamente pudo ser bodega hace tiempo.

Puedes ir a un bar que se ha quedado decorado con brillos y palmeras años 80, en plan Miami de Scarface y ver a Fon Román, luego volver al centro y en un bar de rockeros ver a un jóven aspirante, Willy Naves.

En fin, un festival hiperrecomendable para escapar de las mismas bandas que suelen llevar todos los festivales veraniegos, un tiempo en que aún parece un festival veraniego, y una libertad de movimientos que se agradece mucho, todo eso mientras te vas mezclando con la gente de la ciudad, que acostumbra a salir a la calle todo el día, y llenar de vida sus días y noches, que, sumando unos cuantos forasteros modernos, seguro que algo se enriquecen.

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