Crónica de ENVIVO: EXTREMODURO, amos de Rivas por derecho propio

por

FESTIVAL EN VIVO 2012- Rivas Vaciamadrid / Auditorio Miguel Ríos & Recinto Ferial / Jueves 27, Viernes 28 y Sábado 29 de septiembre de 2012

La edición de la lluvia a mansalva o el certamen de Extremoduro. Así será recordada la tercera edición del festival madrileño de rock autóctono y ritmos urbanos que se celebró en el Recinto Ferial de Rivas, con Roberto Iniesta, Uoho, Cantera y compañía elevados a la categoría de artistas internacionales por derecho propio, reventando el auditorio Miguel Rios con 55.000 almas entregadas al flamígero arte del mesías carismático del Rock Transgresivo.

Varias consideraciones antes de entrar en harina. La III Edición del Festival EN VIVO se había montado en torno a la mayúscula banda extremeña, por mucho que en cartel figuraran bandas internacionales como Soulfly o Bad Religion, o artistas patrios tan consagrados como Rosendo, Los Suaves, Obús, Celtas Cortos o Def Con Dos. Los hechos terminaron por darnos la razón.

Segunda cuestión: convocar al personal en un festival al aire libre en fechas ‘veraniegas’ tan tardías, suponían un considerable riesgo: una borrasca, la lluvia o el frío podían dar al traste con la convocatoria, más aun para los que conocemos bien la ubicación del Auditorio Miguel Ríos, en plenas colinas de la localidad madrileña, un sitio propicio para que bajen mucho las temperaturas por la noche en días otoñales como los señalados.

En esto, los hechos también fueron tozudos y en plena gota fría que ha dejado diez muertos y tres desaparecidos, amén de daños incontables daños materiales en el sureste del país, la segunda jornada del festival, bajo una incesante y pesada lluvia, fue una verdadera mortificación.

Ni que decir tiene que volvimos a casa calados hasta los huesos y que solo pudimos ‘disfrutar’, en el amplio sentido de la palabra, del recital de Rosendo, con lluvia racheada y viento que nos golpeaba en el rostro, como dulce espabilamiento ante unas canciones en flor, para quitarse el sombrero. Mis allegados me aconsejaron no ir ese día. Que acudir al festival en esas condiciones era una temeridad, pero con el sentido de la aventura (y persuasión que me caracteriza), les convencí y nos preparamos para el desafío, lanzándonos como quijotes eléctricos a una calaverada de las que se pueden contar a los nietos.

Tras sufrir canallescos atascos en la M-30 y en la Autovía de Valencia A-3, y tirarnos hora y cuarto para aparcar, dando vueltas por las calles aledañas al recinto, cual fue nuestra sorpresa el viernes 28, con agua incesante y espesa sobre nuestras cabezas, que a la entrada del festival, la organización había decidido no permitir el acceso con paraguas de ningún tipo, ni grandes ni pequeños. La indignación de muchos asistentes (entre ellos mi propia pareja) llegó a niveles de cabreo total y me tocó templar ánimos en la caseta de acreditaciones, para al menos salvar los paraguas. Tampoco se habilitó una consigna para dejarlos, por lo que si los dejabas tirados a la entrada, iban a la basura, y luego la caminata hacia el coche (de veinte minutos) se iba a hacer todavía más penosa. Afortunadamente, el personal de las acreditaciones atendió a razonamientos y al menos pudimos salvar los muebles.

Ante tamaña desventura, quedaba claro que las horas que allí permanecimos, en esa especie de ‘campo de concentración’ (según mis colegas) iban a ser una lucha desigual contra nuestras fuerzas, salud y temple como seres humanos.

Personalmente flipé con el recital de Rosendo. Una vez más el artista de Carabanchel volvió a dar sopas con honda, haciendo gala de una tremenda profesionalidad y buen hacer, -con el suelo inundado hasta la mitad del escenario- (la banda se refugió en la parte de atrás) lanzando rayos y truenos de la hondura de “Y dale!”, “Fuera de lugar”, “Mala vida”, “Pan de higo”, “Amaina tempestad” (nunca mejor dicho), “Masculino Singular”, “Entre las cejas”, “Flojos de Pantalón” o la sempiterna “Agradecido”.

Después de tamaña descarga, nada como reponer fuerzas (nos fuimos a comer un bocata, pasado por agua), y tras diez minutos, calándonos con los punk-rockeros Bad Religion, mi pareja no aguantó más y decidimos que era buena hora para poner tierra de por medio, sacrificando el show de Boikot (que nos apetecía muchísimo). Nos quedamos con el buen sabor de boca de su reciente actuación en Becerril de la Sierra, en agosto, cañera y electrizante como pocas. Al día siguiente, varios compañeros de la prensa y algún que otro amiguete, me contaron que los Boikot volvieron a estar sembrados y que se marcaron un trasiego de arrojo incontestable y baile a raudales presentando las nuevas perlas de su último álbum “Lágrimas de rabia” amén de los clásicos por todos conocidos, que son pura gasolina para el personal.

En la primera jornada, el jueves 27, disfrutamos de lo lindo con el concierto seco y sin concesiones de Los Suaves. La banda orensana, pese al despiste de Yosi: “Buenas noches Getafe…” volvieron a elaborar ese dulce elixir existencialista de guitarras como puñales, sentimiento trágico de la vida condensado en las diamantinas “No puedo dejar el rock”, “Cuando los sueños se van”, “Palabras para Julia”, títulos suficientemente explícitos de lo que va la vaina: “Un paso atrás en el tiempo”, “Maldita sea mi suerte”, “Dulce castigo”… para mentes no domesticadas y oídos inquietos. Como en una novela negra “Viajando al fin de la noche” en el “San Francisco Express” hasta topar con el “Afilador”•, no sin antes entonar los himnos “Mi casa” (es el rock’n’roll) y la celebrada “Dolores se llamaba Lola”. Alberto Cereijo y Fernando Calvo, soberbios una vez más en la conducción. Poco más se puede añadir de los a priori plato fuerte de la velada.

A continuación, The Locos plantaron su ska pachanguero y desenfadado en el escenario pequeño, mientras Duo Kie lanzaban soflamas de hip-hop malencarado a escasos metros, dando paso luego al reggae calentito de Morodo, para hacerlos olvidar las primeras gotas de un cielo que amenazaba tormenta negra.

Como era previsible, Soulfly inundaron el escenario grande de un espeso magma corrosivo, un death metal de la muerte, tormento de copón, que aprovechamos para refrescarnos el gaznate (bendito mini de cerveza que consoló nuestras aflicciones) para enfrascarnos en una puntera y sarcástica tertulia sobre las capacidades sonoras de Max Cavalera y compañía como moderna forma de tortura. Se pueden ustedes imaginar… Seguro que los infelices prisioneros de Guantánamo y Abhu Graib saben de lo que hablo. Seguidamente los Mojinos volvieron a repetir unos recursos escénicos mil veces manidos (se repiten como el ajo); aburren con tanto chiste fácil y tanta grosería, y sobre todo con tanto plagio musical, que esconde sus verdaderas carencias compositivas. Por el contrario, Canteca de Macao, en el escenario grande, protagonizaron un espectáculo muy vistoso y rítmico, presentando las nuevas canciones de su último elepé “Nunca es tarde”. Cumbia, flamenquito y sonidos latinos por un tubo que nos dejaron un excelente sabor de vuelta a casa, con esas premisas de librepensamiento aun resonando en nuestras cabezas: “Te quiero libre”, mientras la lluvia hacía su aparición en formato grueso…

Quedaba la tercera y definitiva jornada para enjuagar la amargura y desastre del día anterior. No quiero pensar en lo que sufrieron los pobres acampados, atrapados en un lodazal de barro y mugre. Y es que sin duda, hay gente para todo, como diría un clásico y en este bendito país somos muy sufridos…

El sábado de autos suspiramos mirando al cielo y cruzamos los dedos. Al final, la apuesta salió bien y pudimos disfrutar del estupendo recital de El Drogas como prólogo del festín de la noche: la asombrosa descarga de Extremoduro, el dulce sortilegio de los ‘desarrapados’ y carismáticos mesías del rock transgresivo en tres actos que tardaremos mucho en olvidar. Y nos faltó una hora más de show, pues numerosos clásicos se quedaron fuera: desde la emblemática “Jesucristo García”, a las imprescindibles “Decidí”, “Amor castúo”, “Deltoya”, “Sol de invierno”, “De acero”, “Pepe Botika”, “Buscando una luna”, “Prometeo”, “Golfa”, “So payaso”… Aún así me quedo con el pedazo de sonido que destila la banda: brillaron como un trueno. Comentaba al final del evento, que si en el Madison Square Garden de Nueva York, un festival reuniese a los australianos AC/CD, a los adalides del rock progresivo canadiense RUSH y a nuestros héroes, Extremoduro no desentonaría un ápice del cartel. Tal es la calidad que atesoran. Cantera toca como el batería más contundente que hayamos escuchado nunca, mientras Uoho e Robe parten el bacalao rítmico apoyados en un teclista y guitarra de apoyo, y Miguel marca el latido del bajo como una locomotora. Aguantamos como héroes en quinta fila todo el concierto (pese a la bulla, los empujones, avalanchas y demás), la verdad es que el civismo no abunda entre la parroquia de los creadores de “Somos unos animales”.

Pegados a las torres de sonido del lado izquierdo, nos pegamos un baño de rock’n’roll como hacía tiempo… El comienzo fue relativamente tranquilo, con la pieza inédita “El pájaro azul”, más la declaración de intenciones “Ama, Ama y ensancha el alma” (donde el ‘respetable’ se alborotó), seguida de “No me calientes que me hundo”, “Mi espíritu imperecedero”, “Si te vas” y la maravillosa “Vereda de la puerta de atrás”, intercalada por “Nuestros defectos constitutivos” y esa perla poética llamada “Sucede” antes de mostrarse “Cabezabajo”. Demasiado “Material Defectuoso” en ese tramo sinuoso que finalmente nos hurtó los clásicos… Pese a todo, buen sabor de boca en un recital que prometía y que nos dejó boquiabiertos en el segundo acto con la interpretación integra (45 minutos) de la “Ley Innata”. Tras el parón, alucinados ante tamaño músculo sonoro, asistimos al desenlace, un epílogo demasiado escaso, y que no sació el lujurioso deseo de un inolvidable aquelarre donde arder como brujas camino del más allá. Sonaron “Bribribliblí”, “A Fuego”, “Tango suicida”, “Puta”, “Standby” y “Salir” como colofón final. Poco más se puede añadir de un evento que perdurara mucho tiempo en nuestras neuronas.

Al igual que ocurrió en el Sonisphere con Metallica, tras esa descarga ya nos sobraba todo lo demás. Aún así, sacamos fuerzas de flaqueza para disfrutar del enésimo bolo calcado de Obús. A ver si varían un poco el repertorio, los gestos y la escenografía, que empiezan a estar más vistos que el TBO. Pese a todo canciones como “Juego sucio”, “Necesito más”, “La raya”, “Autopista”… son un pleno al quince, tonadas que hacen honor a su enunciado: “Vamos muy bien”, aunque el heavy-metal esté cuesta abajo, con Fortu en el papel de incombustible macarra vallecano (“El que más”), más Paco Laguna, Carlos Mirat y Fernando Montesinos en plan estelar, más chulos que un ocho: “Yo solo lo hago en mi moto”, “Prepárate” (que va a estallar el Obús, una vez más). Def Con Dos pusieron la guinda a un certamen que temprano cautivó con El Drogas y su repaso rocanrolero / ‘barriobajero’: “En la silla eléctrica”, “Balas Blancas”, “No se que hacer contigo”, “Cero coma siete”, “Sofokao”, dulce compás y tremendo repertorio, “Víctima” de sus propios latidos en un pálido “24 de diciembre”, mordiscos “Contra la pared”, como “Animal caliente”, sintiendo “Frío”, mientras “Todos mirando”, bien arropado por sus fieles compañeros de Txarrena, más el infatigable Brigi Duque (Koma) a la batería. “Azulejo frío” en “Blanco y negro”.

César Strawberry, Jesús Arispont, Kiki Tornado y compañía… nos regalaron un mitin subido de tono como colofón, no dejando títere con cabeza, y disparando balas del calibre 9mm: “Mundo chungo”, “Poco pan y pésimo circo”, “La culpa de todo la tiene Yoko Ono”, “Odio a los mártires del rock”, “Ultramemia”, “Demasiado humano”… El dedo en la llaga y el compromiso social inalterable, más vivo que nunca, marcándose unas estupendas “Asociación de Mujeres Violentas”, “Ora pro nobis”, “El día de la bestia”, “Pero a pesar de todo sigo siendo heterosexual” y “Armas pal’ pueblo”, con el que cerraron una prédica que hizo nuestras delicias. No tuvimos fuerzas para Berri Txarrak ni tampoco para Benito Kamelas, mucho menos para Porco Bravo o los Guerrilla que se nos antojaban demasiado lejanos. Colegas nuestros aguantaron el tirón y atiborrados de sustancias vieron amanecer. Nosotros, por si acaso, nos retiramos a tiempo de no desfallecer y tampoco dar positivo en el previsible control de alcoholemia que los amigos de la seguridad pública montan afuera. Aunque quien esto suscribe sabe salir por atajos, evitando controles y molestias. Antes de echar el cierre, una última consideración: bravo por el Ayuntamiento de Rivas, por su apuesta por la CULTURA, con mayúsculas, y por el nombre de sus calles. Basta decir que aparcamos los tres días en una hermosa avenida llamada “Manuel Azaña”. Eso fue todo, amigos.

Y aquí os dejamos el vídeo-resumen oficial del festival… que a puntito hemos estado de no poner por esa música de Macaco que nos ha dejado helados…

1 Comment

  1. Como queda dicho, el ROCK’N’ROLL es de SECANO, con solecito y buen tiempo. Así las cepas dan mejor vino y los artistas, sus mejores acordes. Cuando es de REGADÍO, como el viernes 28, todo se va al traste. Y voy “Sufrido”… como diría el maestro ROSENDO.

    Dulce aquelarre en el parnaso de las guitarras en flor, con Robe Iniesta, MESÍAS CARISMÁTICO del ROCK TRANSGRESIVO y sus secuaces (UOHO, CANTERA & COMPANY…). Pocas vírgenes en el paraíso tras la inmolación y una tremenda LEY INNATA !!!

    AUPA RIVAS !!!

Deja un comentario

Your email address will not be published.

*