El Price, más circo que nunca con EMIR KUSTURICA (31 julio, Madrid)

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La fiesta de clausura del ciclo Veranos de la Villa en el Price (continúa en otras salas) comenzó algo torcida, con la sala a medio llenar y sin la típica euforia inicial que acompaña a los conciertos de la Non Smoking Orchestra. Con mala pinta, vaya. Había poca gente, y poco animada… Hasta que sonó el infalible “Unza unza time”, cuyo frenético ritmo puso a bailar a la pista en un periquete.

Sin embargo, algo pasaba sobre las tablas. Faltaba una pieza principal y se notaba mucho, muchísimo. Faltaba Nele Karajlic, nada menos que el líder, cantante y fundador del grupo. Un personaje de tomo y lomo, una bestia del escenario que sabe cómo levantar al público a base de locuras como subirse al techo o lanzarse al foso de cabeza, que se ha quedado fuera de esta gira por enfermedad.

Sin él la banda pasó por algunos momentos muy flojos, pero en general pudo apañarse bastante bien gracias al buen humor que gastó Kusturica, que invitó a una veintena de chicas a subir al escenario para botar con una canción dedicada con mucho “cariño” a la MTV, y hacer de director de coreografía para guiarlas en un baile que, la verdad, fue bastante lamentable. Aquello parecía una clase de fitness.

En estos conciertos, sin embargo, lo ridículo también cabe. Casi se podría decir que encaja. Entre canción y canción, uno de los guitarristas marcaba los compases de la banda sonora de “La pantera rosa”, como si fuera un hilo musical entre gag y gag, y Kusturica no paraba de bromear con sus compañeros aunque ello le hiciera fallar en sus punteos. Un sentido muy particular de la profesionalidad, tiene esta orquesta. Pero siempre es divertida, aunque no lo fuera tanto para una tímida chica de las gradas que prácticamente fue obligada por sus amigas a obedecer a Kusturica, que le pedía que subiera a bailar con su banda. Cortadísima, la pobre no pudo más que dar unos pasitos y unas palmas antes de volver a su asiento huyendo de los focos.

El ambiente circense se apoderó entonces del Price, que se llenó de abanicos en la pista para aliviar el calor de “Pitbull”, y que ya no paró de bailar la fanfarria balcánica y punk hasta el final de un concierto movidísimo y sudadísimo que ayudó a más de uno con la operación bikini, y que terminó, otra vez, al grito de “Fuck the MTV!”.

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