Crítica – MILES DAVIS QUINTET “Live in Europe 1967”

por

Género: Jazz.

Sello: Sony Music.

PUNTUACIÓN: 9

 

Donde terminaba la fantástica entrega de títulos como “Seven steps to heaven” o “Miles in Tokyo”, publicados hace cinco años, comienza la de esta primera referencia de una serie que, con el nombre “Best of Bootleg”, se presume tan larga como la de Bob Dylan. Y es que en el año que se hubieran cumplido ochenta y cinco desde su nacimiento, siguen apareciendo grabaciones históricas de un jazzista que se adelantó a su tiempo. “Live in Europe 1967” recorre en vivo, en escenarios belgas y franceses, el repertorio que entregó el famoso segundo quinteto de Miles Davis a la fonográfica Columbia en la década de los 60. Estas grabaciones suministraron al trompetista la categoría de leyenda. Y lo mismo hicieron con los componentes del grupo. Wayne Shorter, Herbie Hancock, Tony Williams y Ron Carter. El resto es historia.

Para entenderla bien, bueno es situarse adecuadamente en el contexto social adecuado. La escalada sangrienta en Vietnam proseguía, inexorable, su paso, Cassius Clay –que ya se hacía llamar Muhamad Ali- era desposeído de su título de campeón de los pesos pesados de boxeo por negarse a ir a aquella guerra, y el sueño contracultural ganaba adeptos en San Francisco, forjando una imagen de rebeldía juvenil a la que Miles ya se había sumado hacía tiempo. Para entonces, definitivamente rehabilitado de su adicción a las drogas, el trompetista llevaba años en la cima de su creatividad, había entrado en el núcleo del mainstream económico estadounidense y se había incorporado al catálogo de gustos principales de la población.

Las colas para ver sus conciertos eran largas y la aceptación crítica carecía de precedentes. George Wein, el famoso empresario de conciertos, dijo refiriéndose a su banda: “Este quinteto no es de este mundo; sencillamente, se adelanta a su tiempo”. Así las cosas, el resultado del disco solo puede ser un prodigioso homenaje a la libertad sonora, a la capacidad de cada uno de estos músicos para adaptarse a una música hecha sobre el terreno. Los micrófonos lo capturan todo. “On Green Dolphin Street” y “Round Midnight” son lo más parecido a un diario íntimo que se abre de par en par, y en “Footsprints” y “Masqualero”, Davis y Shorter se pasean por el cielo. Y hiela de pasmo la belleza de «Gingerbread boy”. En este disco, la historia de Miles Davis, el hombre que jamás dio puntada musical que no fuese en hilo de oro, sigue estando viva. Una alegoría inagotable acerca de la superación humana. Un lujo.

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